viernes, 13 de diciembre de 2019

Sangre por sangre, historia de brujas



Cuenta una leyenda de principios de la época colonial que en un poblando de Zacatecas, una mujer llamada Maria del Refugio Rojas  fue acusada por su vecina ante el santo oficio por practicar brujeria.

Maria del Refugio Rojas, era una mujer viuda, heredera de una gran hacienda, y con una importante suma de dinero en su poder, si bien no era hermosa, la señora tenia facilidad para tratar con las personas, y en su casa siempre se celebraban fiestas, tenia varios pretendientes, Se decía que la gente que le visitaba, era gente que recurría a sus poderes de bruja, siendo los hechizos de amor, los mas solicitados.

Resulto que uno de los hijos de la vecina de Maria, Doña Bernarda, fue victima de uno de estos amarres, o al menos asi lo creía Bernarda, pues su hijo comenzó a cortejar a una mujer que no era de su agrado, y que además era cliente constante de la señora María.

Un día el hijo anunció que pediría la mano de aquella mujer que a ojos de su madre era tan desagradable, asi que doña Bernarda acudió al santo oficio para acusar de Maria del Refugio Rojas de brujería.

Bernarda juro por dios y bajo protesta de decir verdad que cada noche veia a su vecina Maria del Refugio bailar desnuda a la luz de la luna, que preparaba extraños menjurjes a la luz de la hoguera. y que hablaba con seres invisibles. Contó incluso, que una noche le siguió hasta el panteón, donde la vio desenterrar un cuerpo, y moler sus huesos para hacer un hechizo.

Como era de esperar, el santo oficio no pidió mas pruebas, acudió a casa de María del Refugio y hallando en esta muchos frascos con diferentes menjurjes en su interior, ademas de extrañas plantas, detuvieron a la mujer, ante la mirada de cientos de vecinos, Bernarda entre ellos, quien le dicen le dijo algo parecido a: "por fin dejaras en paz a mi hijo bruja"

María del Refugio Rojas fue torturada hasta la muerte, y el hijo de Bernarda termino su relación con la mujer que su madre no aprobaba, lo cual dio felicidad a su madre, quien pensó que sus problemas por fin habían terminado gracias a la muerte de la bruja.

Bernarda acudió a la iglesia a dar gracias a dios por acabar con la magia de la bruja, y pidio por su alma, pues quizas una parte de ella sentia lastima o remordimiento por la desgraciada mujer a la que había mandado a la muerte.

Sin embargo la historia no termino alli, el hijo de Bernarda al cual habian presuntamente hechizado se caso, y tuvo un hermoso niño, que era la adoración de la familia. Habia nacido en la noche, y mandaron llamar a un sacerdote para bautizarlo, pero una terrible tormenta azoto el pueblo, impidiendo que el sacerdote llegara a la casa del recien nacido.

Un rayo cayó sobre la casa iniciando un feroz incendio que no amainaba pese a la lluvia constante, todos los ocupantes salieron de prisa y los hombres de la familia comenzaron a acarrear agua para apagar el fuego, no tardo mucho para que los vecinos acudieran en su auxilio. Todos estaban concentrados en su deber, cuando un grito desgarrador hizo que todos se detuvieran.

Doña Bernarda yacia sobre un charco de su propia sangre, tenia  la garganta destrozada, y en el cielo se escuchaba el llanto de un bebé, acompañado del aleteo de una gigantesca ave, luego, se escucho una voz femenina, que venia de entre las llamas: "sangre, por sangre"

Nunca encontraron al niño, su madre, la nuera de Bernarda, murió también aquella noche de un paro al corazón.

Mas adelante, pasando treinta dias de aquel trágico suceso siguieron las tragedias para aquella familia, el entonces viudo hijo de bernarda un dia salio a cazar conejos, pero no regreso, le encontraron muerto al dia siguiente, en frente de la casa de la difunta Maria del Refugio, algo le había destrozado el estomago, algo enorme y con grandes garras, en el suelo escrito con la sangre del difunto se podía leer aquel amenazador mensaje "sangre por sangre"

Y durante los siguientes meses, la familia de Bernarda sufrió diversos accidentes, algunos mortales, otros solo sustos, y no parecía haber oración que pudiera calmar la maldad que se cernía sobre ellos, hasta que una noche, uno de los hijos de Bernarda que regresaba del trabajo, se encontró en la calle, frente a la casa de Maria del Refugio a una mujer que vestia un harapiento vestido negro, que pintaba en el suelo la temida frase: "sangre por sangre"

El joven al verla saco su navaja y dibujo una cruz en el suelo, luego clavo la navaja en medio y comenzó a rezar el padre nuestro al revés, al terminar, la mujer lo miró a los ojos, revelándose como difunta bruja.

"deja a mi familia en paz maldita bruja" le dijo el

La aparición grito, un grito tan horrible que hizo estallar los vidrios de las casas alrededor, luego se convirtió en una esfera de fuego y voló sobre el pueblo, el joven siguió la esfera, pero con pavor, observo como entraba a la casa de su familia, donde la única hija de doña Bernarda se encontraba. La esfera se estrello contra su pecho, matándola al instante.

"sangre por sangre" grito aquella esfera antes de desaparecer.

El joven fue acusado del asesinato de su hermana, pues parecia que alguien le habia disparado directo en el pecho, pero su padre logro sacarlo de la carcel.

El muchacho acudió al cura del pueblo para entender lo ocurrido, y descubrio que la difunta bruja, si bien practicaba la hechicería, se habia reformado de alguna manera, y en el pueblo solo practicaba la herbolaria, no era una mala mujer, de hecho, y además estaba embarazada cuando fue puesta a disposición del santo oficio, siendo su hijo asesinado en una de las jaulas bajo la carcel, donde escrito con sangre se podia leer un maleficio en un idioma extraño, acompañado de la fatidica frase "sangre por sangre" estas letras no podian borrarse con nada, y siempre parecían frescas. 

Aquella maldición era para toda la sangre de Don Bernarda, quien injustamente acuso a María condenandola a la muerte a ella y a su hijo no nato.

Temeroso, el joven huyo del pueblo, donde toda su familia fallecio en extrañas circunstancias.






jueves, 12 de diciembre de 2019

Relatos de Skinwalkers: El devorador de carne cruda


Nací en una época donde cosas como el internet o los teléfonos celulares no existían, las televisiones que existían eran en blanco y negro, y tan caras que pocos hogares podían darse el lujo de tener una. Pero, aun con ello, la vida tenia otro ritmo, mas tranquila, no escuchaba de tantos crímenes como hoy en día, o quizás por la falta de comunicación, no se sabia de ellos con tanta facilidad. 

Yo vivía en el campo con mis cuatro hermanos y mis padres, en aquel entonces era común que las familias fueran numerosas, pues a mayor numero de personas, más producción tendría la tierra. Mi padre había heredado unas parcelas que con ayuda de nosotros sus hijos, trabajaba. De tal modo que mis hermanos mayores de diecisiete y catorce años, le ayudaban a arar la tierra, y ordeñar las vacas, mi hermana de seis años ayudaba a mi madre con las labores del hogar, y mi hermano menor de cuatro años ayudaba a todos en lo que pudiera, y yo, que en aquel entonces tenia diez años, tenia la labor de llevar a las ovejas y las vacas a pastar.

Todos los días salía temprano rumbo al monte con el cielo aun oscuro y la luna visible, siempre acompañado de un cayado, un machete y un sombrero, llevaba a las ovejas y a las vacas a pastar.

En el camino siempre me encontraba con otro niño que llevaba un rebaño de cabras a pastar, este niño que seria un par de años mayor que yo, tendría once o doce años, no sé, pero era muy simpático e incluso fue parte de mi grupo de amigos. La mayoría de las mañanas nos encontrábamos en el camino y nos íbamos juntos al monte, yo me quedaba en una zona con mis animales y el se iba a otra, dependiendo del tamaño ganado nos distanciábamos, pero al terminar volvíamos juntos por el camino hacia nuestras casas.

Un día se me ocurrió jugarle una broma, llevamos a pastar a los animales al sitio de siempre, yo me quede con mis ovejas y vacas y él se fue a otra zona con sus animales, en cuanto vi que se alejó, deje a mis ovejas y me dispuse a seguirlo, pensaba ocultarme detrás de algunos matorrales y asustarlo, lo seguí a una distancia prudente, vigilando el rebaño. En cuanto se detuvo me escondí entre los matorrales, no veía al niño por ningún lado, pero suponía que estaría sentado en alguna parte vigilando a su ganado.

Camine de cuclillas con mucho cuidado, cuando de pronto escuche un ruido, un ruido muy característico y que jamás podre sacar de mi cabeza, el ruido de huesos al quebrarse. Me puse alerta, saque mi machete y camine con cuidado hacia donde provenía el ruido, preparado para encontrarme con un coyote, un zorro, o hasta un lobo o un lince.

Pero cuando llegué hasta donde aquella cosa se alimentaba, no me encontré con un lince o un lobo, era una criatura infernal, era como un perro pastor alemán, enorme y de color castaño, pero tenia brazos y piernas humanas, se estaba alimentando de una vaca muerta, sujete el machete con fuerza, pensando en que hacer, pero antes de poder decidir entre atacar o huir vi que ese extraño ser cambiaba y se convertía en un niño, el mismo niño que me acompañaba día con día a pastorear.

No se como evite gritar, pero me logre retroceder sin hacer ruido, muy lentamente, sin saber como llegue hasta el rebaño de mi amigo, me tope con una cabra que se estaba alimentando, y eso me hizo reaccionar, salí corriendo entre los animales con rumbo hacía mi rebaño, tome mis cosas y apure a los animales, pero entonces escuche la voz de mi amigo, llamándome.

Me giré lentamente, y lo vi de pie, con su ropa puesta, limpio, no había rastro de sangre, de la bestia.

—     ¿Estas bien?, te vez asustado. —Dijo.

—     Estoy bien —le respondí. —es que vi una serpiente y me asuste.

Supongo que me creyó, primero porque sigo vivo, y luego porque regresamos juntos a casa, como hacíamos cada vez que llevábamos a los animas a pastar. Fueron las horas mas angustiantes de mi vida, mientras recorría el campo acompañado de un monstruo. Recuerdo con espantosa claridad el rostro del que creía mi amigo, el miraba hacia el frente, masticando unas semillas, en el camino me ofrecio algunas, y vi sus ojos, eran cafes, como los míos, ojos inteligentes, ojos de humano en una criatura que no era humana.

Acepte las semillas, aunque temblaba de miedo, el ni siquiera se inmuto, siguió caminando y masticando.

En cuanto llegamos al punto donde cada quien se iba para su casa, deje que el se fuera primero, diciendo que tenia que contar a mis animales, porque sentía que me faltaba uno, el me preguntó si quería que me ayudara, le dije que asi estaba bien, entonces se despidió, y se fue con su rebaño.

No le perdi de vista mientras caminaba por el sendero que dirigía a su casa, una vez que el último de sus animales salió de mi campo se visión, hice caminar al ganado y fui a casa, vigilando a todo momento mi alrededor, los borregos no dejaban de hacer ruido, no se, si también sentían miedo, o si solo era mi nerviosismo. 

Desde aquel día nunca más volví a salir con ese niño, comencé a salir más tarde, o ir a otros lados a pastorear, después de todo, el miedo perduraba, y de preferencia iba acompañado de alguno de mis hermanos.

Mentiría si dijera que después de aquel encuentro me sentía perseguido, la vida siguió normal, pero desde ese momento, cada animal muerto, lo vi con otros ojos, y comprendí que los aullidos de las noches no eran de coyotes o lobos, si no de esa cosa.

El diablo vive en el campo, y se alimenta de carne cruda.