Historias de encuentros con skinwalkers: Rocco
r o c c o
Rocco era mi mejor amigo, era un perro criollo
que tenía cierto parecido a un pastor alemán, o al menos eso decía yo. Lo
habíamos adoptado en un refugio, no lo tuvimos desde cachorro, pero era el
animal más agradecido que hubiera existido. El día que lo perdimos, fue el peor
día de mi vida, yo adoraba a ese perro como a un miembro de mi familia.
Un día en que fuimos de visita a casa de mis
tíos que viven en el campo, los entonces únicos adultos, que eran mis padre y
mis tíos salieron de la casa para comprar comida y cerveza, mientras yo y mi
primo nos quedábamos solos, lo cual no nos molestaba, yo llevaba mi consola de
videojuegos y preferíamos quedarnos a jugar que ir de compras.
En algún momento, mientras jugábamos, recuerdo
que Rocco comenzó a ladrar y a arañar la puerta, por lo que fuimos hasta donde
estaba el perro y lo dejamos salir. Rocco estaba entrenado, así que siempre
respondía a nuestro llamado, pero en aquella ocasión, fue diferente.
Vimos a Rocco correr hacia la espesura, perdiéndose
entre los árboles, lo dejamos un par de minutos, pero cuando ya no lo vimos,
comenzamos a llamarlo.
Le pedí a mi primo que me acompañara a
buscarlo, y accedió, aunque primero nos regresamos a la casa para apagar la
consola de videojuegos y la televisión, así como para cambiarnos la ropa, pues
mi primo me dijo que para adentrarnos en el campo, lo mejor era llevar pantalón
de mezclilla y botas o tenis que no fueran delgados.
Una vez preparados fuimos al campo, que yo más
veía como un bosque, pues había muchos árboles de troncos delgados, pero altos
y frondosos, no muy juntos entre sí, pero son tantos que es inevitable pensar
en un bosque como los que aparecen en las películas sobre sobrevivencia, o
quizás hasta en el amazonas.
Buscamos a Rocco por un largo rato, sin éxito,
y al ver que el cielo comenzaba a oscurecerse regresamos a casa. Allí, mi primo
recibió una llamada de sus padres, que nos regañaron por no haber atendido al
llamado la primera vez, pues mientras buscábamos a Rocco nos habían llamado al
teléfono de la casa. El coche se había descompuesto y tardarían en regresar,
nos dieron la indicación de que nos preparáramos hot dogs y que cenáramos.
Mientras mi primo ponía a cocer las salchichas
y yo picaba el jitomate y la cebolla, escuchamos los ladridos de Rocco afuera
de la puerta.
Abrí la puerta pero no vi a mi perro, sus
ladridos venían de aquella zona llena de árboles.
Yo comencé a llamarle, y los ladridos seguían
escuchándose, así que le avise a mi primo. Él ya estaba preparado con una
linterna y una pala, y juntos salimos a buscar a Rocco.
Lo llame muchas veces, pero Rocco no se
acercaba, solo ladraba, y cuando estuvimos cerca de los árboles comenzó a
llorar. Preocupados, aceleramos el paso.
Entonces vimos a Rocco sentado frente a un
árbol, estaba muy rígido, y chillaba, cosa extraña, porque ningún perro que
llore de dolor, como lo estaba haciendo el, se mantiene tan quieto y erguido.
Lo llame de nuevo, mientras mi primo lo
alumbraba con la linterna.
Los ojos de Rocco, o más bien de lo que creí
que era Rocco, eran enormes, no parecían los ojos de un perro, no sabría
describirlo muy bien, pues estaba lejos, pero puedo decir que esos ojos no eran
naturales, eran grandes y brillantes, como si fueran un par de focos.
Entonces aquello que fingía ser Rocco se puso
de pie sobre sus cuatro patas, y comenzó a gruñirnos.
Yo aún creía que era mi perro y di una palmada
acompañado de un silbido, así era como hacía que Rocco corriera hacia mí, pero
aquel perro no hizo caso, nos gruño y comenzó a caminar de un lado a otro.
Volví a llamarlo, y comencé a acercarme.
El perro dio un salto hacia mí y lanzo una
dentellada, caí al suelo con el perro encima mío, apartando su boca de mi cara,
su pelo se sentía extraño, muy caliente y húmedo, pero lo peor era su aliento,
un aliento cálido y putrefacto, como cuando la carne se echa a perder, pero más
intenso. En ese momento no sabía que era el olor de un cadáver.
Mi primo le dio un golpe con la pala y el perro
se alejó de mí, rápidamente agarre la linterna que mi primo había dejado caer
al suelo y apunte hacia lo que todavía creía que era Rocco.
Aquella cosa ya no se parecía a un perro,
parecía una persona extremadamente delgada usando una piel de perro sobre su
cuerpo, nos gruño mostrando unos relucientes colmillos.
Grite horrorizado, creo que hasta orine los
pantalones. Seguramente habría muerto de no ser porque mi primo se armó de
valor y comenzó a arrojarle piedras, tierra, y todo cuanto podía mientras le
gritaba:
“lárgate”
Yo reaccione cuando vi que esa cosa se paraba
sobre sus piernas traseras, alcanzando una altura de casi dos metros, creo, yo
estaba en el suelo, y no era muy alto, así que aquello me pareció un gigante,
aunque también mis recuerdos alteran su estatura, mi primo me ha contado que si
era grande, pero no tan grande, quizás lo mismo que una persona adulta de un
metro ochenta, o poco más, pero en aquel momento, para mí era gigantesco.
Agarre algunas piedras del suelo y comencé a lanzárselas,
algunas impactaban en su estómago, otras en sus extremidades; Mientras
lanzábamos cosas, yo lloraba, tenía mucho miedo.
Aquel ser dio un paso hacia nosotros
enseñándonos los dientes, mi primo alzo la pala y con voz desafiante le grito:
“te daré mas si quieres”
Y aquella extraña criatura se fue corriendo a
una gran velocidad, perdiéndose entre las sombras.
Mi primo me ayudo a levantarme, y corrimos de
regreso a la casa, pusimos todos los seguros y nos armamos con la herramienta
de mi tío, otra pala, un pico, una palanca y un machete, por suerte no tuvimos
que usarlos, pues aquello no se acercó nunca más a nosotros.
Mis padres y mis tíos llegaron muy entrada la
noche, les contamos lo sucedido, y como obviamente no nos creyeron, recibimos
un regaño por no haber cenado, y por haber salido de noche al bosque. Al otro
día salimos a buscar a Rocco, lo encontramos muerto entre los árboles, le
habían sacado todos los intestinos.
No sé qué fue esa cosa, pero aún recuerdo su
cuerpo esquelético, y el desagradable tacto de su piel en mis manos, y cielos,
su aliento, su maldito aliento a podredumbre aun puebla mis recuerdos y aviva
mi ira.
Sé que el mato a Rocco, y por las historias que
hemos escuchado de gente del lugar, sé que sigue allí, en alguna parte, así que
ahora que ya soy mayor, regreso cada que puedo, esta vez con un rifle a mano
para dar caza a aquella repugnante criatura.





