viernes, 16 de octubre de 2020

Alexa se rie del accidente de mi madre

 

Amazon Alexa es un asistente virtual que se popularizo mucho por el 2015, su función es poder controlar varios dispositivos inteligentes, hacer el papel de alarma despertador, pedir comida, etcétera. Físicamente es una pequeña bocina circular, o tubular, que enciende en su borde superior de color azul.

Este aparato debe estar conectado a Internet para funcionar, al igual que todos los aparatos que controla, en consecuencia, puede escuchar nuestras conversaciones, tomar registro de nuestras búsquedas, nuestros horarios, etcétera, suena horrible, pero no es nada del otro mundo, si tomamos en cuenta que los celulares hacen exactamente lo mismo.

Durante mucho tiempo, surgieron historias de terror sobre Alexa riendo a las tres de la mañana, o que su voz cambiaba a una demoníaca a mitad de la noche, por lo que muchas veces intente captar algo similar con el Echo Dot que teníamos en casa, Echo Dot es el nombre de la bocina.

Nunca ocurrió nada extraño, o bueno, no mientras estaba grabando, pero ocurrió algo que nos hizo tenerle mucho miedo.

Un día mientras cenábamos, mi padre recibió una llamada, era la policía que nos informaba de que mi madre había tenido un accidente automovilístico. Fuimos a verla al hospital, por suerte no había sido nada grave, y en dos días regreso a casa, con el collarín puesto.

El día en que regreso, aun puedo recordarlo, estábamos sentados todos a la mesa, eran las tres de la tarde, yo ponía los platos con sopa de fideos en la mesa, mi padre asaba unos filetes, mi madre, con su collarín estaba sonriendo, mientras nos platicaba como era el hospital.

Luego, cuando todos nos sentamos, nos hablo del accidente, dijo que había sido un milagro haberse salvado, y que si no hubiera sido porque logro volantear hacia la derecha, hubiera muerto aplastada por alguno de los tubos que llevaba el camión que provoco el accidente.

 

En ese preciso momento Alexa se río de una forma que nos estremeció, su risa estaba cargada de malicia, fue muy estruendosa y duro cerca de un minuto, cuando se callo, mi padre se levantó y la desconecto.

Lo más raro de esto, es que asi, desconectada, Alexa volvió a reír, pero de una forma burlona, como una persona que se siente superior, no se si me explico.

Terminamos deshaciéndonos del Echo Dot.

jueves, 15 de octubre de 2020

Historias de Terror en Halloween: Pidiendo dulces

Un treinta y uno de octubre salí a pedir dulces junto a mi hermana pequeña, y dos de mis primos. Estuvimos jugando y contándonos historias de miedo, además de preparando nuestros disfraces de zombis, con técnicas aprendidas en You Tube, para que se vieran más realistas.

La sangre, por ejemplo, si la haces con miel y colorante, queda estupenda, y no es toxica, las heridas, con un poco de papel de baño y resistol blanco.

Nuestros disfraces quedaron fenomenales, y salimos a pedir dulces, asustando a muchas personas. En una calle, entonces, nos encontramos con una niña pequeña, que no se asusto de nosotros, pese a tener unos cinco o seis años.

Ella nos pidió de favor que la dejáramos pedir dulces con nosotros, y aceptamos, si bien su disfraz de princesa desentonaba con los nuestros, no vimos ningún inconveniente en ese momento.

En cierto momento, ella nos comentó que vivía en cierta calle, una calle privada, donde vivía mi primo, quien conocía a todos sus vecinos.

Le preguntó su nombre, pero la niña no respondió nada.

Íbamos a insistir cuando unos chicos mas grandes que nosotros salieron de entre unos arbustos, asustándonos.

Fue menos de un segundo lo que duró el susto, pero perdimos de vista a la niña, miramos alrededor, buscándola, creyendo que había salido corriendo, pero no la encontramos.

Extrañados los chicos que nos asustaron nos preguntaron que nos pasaba, y se disculparon por la broma, ofreciéndonos dulces.

Entonces yo les explique que pasaba, que buscábamos a una pequeña niña disfrazada de princesa.

Los chicos se quitaron las mascaras, y se miraron entre si, luego nos miraron a nosotros.

“¿Cuál niña?, cuando los vimos cruzando la calle, solo venían ustedes cuatro”

 

Historias de Terror en Halloween: El Gato

 

Mi madre no nos dejaba salir en Halloween, era muy religiosa, y decía que eran fiestas del diablo.

Así que una vez, mi hermana y yo mentimos, y dijimos que íbamos a hacer la tarea con unas amigas. Si bien, eso no era mentira, al terminar nos disfrazamos y salimos a pedir dulces.

Era ya tarde, y teníamos miedo de que nuestra madre nos encontrara en la calle, volvimos a la casa de nuestra amiga, tomando un atajo, por un terreno baldío.

Cuando pasamos corriendo, escuchamos como alguien nos llamaba, silbándonos. Volteamos, esperando ver un vagabundo, o algún niño, pero no había nada, solo un gato negro sentado en el suelo.

Seguimos nuestro camino, esta vez caminando, mirando hacia todas partes por si alguna persona se acercaba.

Entonces, escuchamos una voz, llamando a una de mis amigas.

Giramos buscando a quien le hablaba, y con sorpresa, vimos que era el gato el que estaba hablando.

Vi al animal abrir la boca y como de esta salía el nombre de mi amiga.

Sali corriendo, y detrás de mi hermana y una de mis amigas. Mi hermana me jaló del brazo, y dijo que necesitábamos pedir ayuda, ella corrió más rápido, gritando que una de nuestras amigas se había desmayado.

Sus padres salieron rápidamente, y fueron al baldío, allí encontramos a la chica, de la que el gato había dicho el nombre, desvanecida, del gato, no hubo rastro.

Mi madre nos regaño como nunca, jamás volvimos a salir a pedir dulces, y mi amiga, bueno, ella ahora le tiene fobia a los gatos, y durante mucho tiempo, tuvo terrores nocturnos.

 

Historias de terror de Halloween: Bola de Pelos

 

Lo mas extraño que me ha ocurrido en esta fecha, paso hace un año. Lleve a mis hijos a pedir dulces, reuniéndonos con un grupo de vecinos, como es costumbre, algunos adultos iban disfrazados también, yo por ejemplo, iba de la muerte.

En un momento mientras caminábamos, sentí como un perro paso entre mis piernas, haciendo que me tropezara.

Mire hacía abajo, mire alrededor, pero no había ningún perro, así que pensé que quizás había confundido la sensación, y que quizás había sido un niño pequeño el que me había hecho tropezar, o la tunica de mi disfraz, así que con cuidado, lo recogí para evitar tropezar de nuevo.

Minutos después volví a sentir algo pasando cerca de mis piernas, pero esta vez, logre ver un bulto negro, quise creer que era un perro, pero lo que yo vi era más como una enorme pelota peluda.

Antes de poder investigar o pensar con racionalidad, mi hija de trece años me aferro del brazo, y me dijo que algo se le estaba enredando entre los pies, y que no lograba ver que era. En ese momento, una señora que estaba frente a nosotros, dijo que ella también sintió algo, pero no pudo ver nada.

El grupo se detuvo, buscando algún animal, no había nada.

Fue en ese punto, en que comencé a tener miedo por lo extraño de la situación, ya que varias personas habían sentido o visto lo mismo, una esfera oscura que se aferraba a sus piernas, lo que confirmaba que era algo real, y no solamente mi imaginación.

Decidí revisar las piernas de mi hija, y encontré pegados a sus mallas del disfraz de bruja, unas pequeñas espinas de color negro, otro padre me informó que el encontró las mismas en el disfraz de su hijo. Fuimos varios los que acabamos con esas cosas pegadas a la ropa.

Decidimos volver a casa, por suerte, no volví a ver o sentir aquella extraña cosa.

Aun conservo las espinas, o cabellos, no sé bien que son, me recuerdan levemente a un puercoespín, pero sé que nunca ha existido un puercoespín de aquel tamaño.

Según me entere días después, a uno de los niños del vecindario, algo los había atacado, mordiéndolos mientras pedían dulces, eran mordidas pequeñas, pero lo que mas llamó mi atención eran las espinas que encontraron en sus ropas, según me contó mi hija, los niños atacados narraron que una especie de animal los siguió la noche de Halloween, y los había mordido mientras caminaban por la calle.

No se que habrá sido eso, no sé si quiero saberlo, pero agradezco que a mi familia al menos, no le haya ocurrido nada, y que los niños atacados, pese a todo, no fueron heridos de gravedad.

Historias de terror en Halloween: La casa fantasma donde pedí dulces

 

El Halloween es una de las épocas mas esperadas del año, esa época donde los amantes del terror y lo sobrenatural disfrutan, por ver películas de terror, la ambientación, y si eres un niño, seguramente, lo ansias por los dulces.

Lamentablemente, no todo es diversión, algunas veces ocurren cosas extrañas, escalofriantes.

Cuando era niña a mi me gustaba salir a pedir dulces, vivía en una zona residencial cerrada, axial que era normal que me dejaran salir a pedir dulces sola, ya que además, solo pedía dulces en las casas de la cerrada, y creo que no había muchos niños además de mi, y los que había iban a pedir dulces a otras zonas, con sus familias, de hecho solo recuerdo haber salido en grupo con los vecinos un par de veces.

Aquella noche salí con mi perrita, una mestiza de labrador.

Esa noche no había recibido suficientes dulces, axial que decidí aventurarme fuera de la cerrada, donde vi. Un grupo de niños al cual seguí.

Sobre la avenida, habían muchas casas, conseguí muchos dulces mezclándome con el grupo, pero entonces, al final de una calle, vi. una casa que llamo mi atención, era una casa con muchas veladoras encendidas, su color era oscuro, creí por un momento que era una casa del terror que algún vecino había hecho, pero nadie se acercaba.

Curiosa como era, decidí ir a ver.

En cuanto estuve cerca pude ver que al interior de la casa había dos mujeres vestidas de blanco, que me miraron y sonrieron saludándome, llamándome por mí nombre, dijeron: “que alegría de verte, a ti y a Sisi” ese era el nombre de mi perrita.

 

Aquello me extraño, les dije que yo no las conocía, que jamás había ido allí a pedir dulces. Una de las mujeres abrió la ventana, y me mostró un gran tazón lleno de dulces, me dijo: “que graciosa eres, tu vienes cada año, mira, compramos tus favoritos. El año pasado te disfrazaste de vampiro”

Eso era cierto, y aquellos dulces si eran mis favoritos, recelosa me acerque, y extendí la bolsa donde recolectaba dulces, la mujer vertió varios en ella, y se despidió de mi con una sonrisa. “nos vemos el próximo año”

Me aleje de aquella casa, siguiendo a otro grupo de niños pidiendo dulces, cuesta abajo. El día término sin más sobresaltos, llegue a casa, me bañe y me fui a dormir.

Al día siguiente, acompañé a mi padre a comprar unas cosas a la ferretería, y pasamos por la misma calle donde había visto la casa de las veladoras, sorprendida y asustada, vi que en aquel sitió no había una casa, bueno, no completa, era una casa destartalada, y vieja, prácticamente en ruinas, llena de grafitis.

No le dije a mis padres nada, pero los dulces que esas dos extrañas me obsequiaron seguían en mi bolsa, como la prueba de que aquello si había ocurrido.

Al año siguiente volví a ir, esta vez acompañada de mis primos, no hubo veladoras, ni mujeres de blanco, solo una casa en ruinas, en completa oscuridad.