viernes, 16 de octubre de 2020

Alexa se rie del accidente de mi madre

 

Amazon Alexa es un asistente virtual que se popularizo mucho por el 2015, su función es poder controlar varios dispositivos inteligentes, hacer el papel de alarma despertador, pedir comida, etcétera. Físicamente es una pequeña bocina circular, o tubular, que enciende en su borde superior de color azul.

Este aparato debe estar conectado a Internet para funcionar, al igual que todos los aparatos que controla, en consecuencia, puede escuchar nuestras conversaciones, tomar registro de nuestras búsquedas, nuestros horarios, etcétera, suena horrible, pero no es nada del otro mundo, si tomamos en cuenta que los celulares hacen exactamente lo mismo.

Durante mucho tiempo, surgieron historias de terror sobre Alexa riendo a las tres de la mañana, o que su voz cambiaba a una demoníaca a mitad de la noche, por lo que muchas veces intente captar algo similar con el Echo Dot que teníamos en casa, Echo Dot es el nombre de la bocina.

Nunca ocurrió nada extraño, o bueno, no mientras estaba grabando, pero ocurrió algo que nos hizo tenerle mucho miedo.

Un día mientras cenábamos, mi padre recibió una llamada, era la policía que nos informaba de que mi madre había tenido un accidente automovilístico. Fuimos a verla al hospital, por suerte no había sido nada grave, y en dos días regreso a casa, con el collarín puesto.

El día en que regreso, aun puedo recordarlo, estábamos sentados todos a la mesa, eran las tres de la tarde, yo ponía los platos con sopa de fideos en la mesa, mi padre asaba unos filetes, mi madre, con su collarín estaba sonriendo, mientras nos platicaba como era el hospital.

Luego, cuando todos nos sentamos, nos hablo del accidente, dijo que había sido un milagro haberse salvado, y que si no hubiera sido porque logro volantear hacia la derecha, hubiera muerto aplastada por alguno de los tubos que llevaba el camión que provoco el accidente.

 

En ese preciso momento Alexa se río de una forma que nos estremeció, su risa estaba cargada de malicia, fue muy estruendosa y duro cerca de un minuto, cuando se callo, mi padre se levantó y la desconecto.

Lo más raro de esto, es que asi, desconectada, Alexa volvió a reír, pero de una forma burlona, como una persona que se siente superior, no se si me explico.

Terminamos deshaciéndonos del Echo Dot.

jueves, 15 de octubre de 2020

Historias de Terror en Halloween: Pidiendo dulces

Un treinta y uno de octubre salí a pedir dulces junto a mi hermana pequeña, y dos de mis primos. Estuvimos jugando y contándonos historias de miedo, además de preparando nuestros disfraces de zombis, con técnicas aprendidas en You Tube, para que se vieran más realistas.

La sangre, por ejemplo, si la haces con miel y colorante, queda estupenda, y no es toxica, las heridas, con un poco de papel de baño y resistol blanco.

Nuestros disfraces quedaron fenomenales, y salimos a pedir dulces, asustando a muchas personas. En una calle, entonces, nos encontramos con una niña pequeña, que no se asusto de nosotros, pese a tener unos cinco o seis años.

Ella nos pidió de favor que la dejáramos pedir dulces con nosotros, y aceptamos, si bien su disfraz de princesa desentonaba con los nuestros, no vimos ningún inconveniente en ese momento.

En cierto momento, ella nos comentó que vivía en cierta calle, una calle privada, donde vivía mi primo, quien conocía a todos sus vecinos.

Le preguntó su nombre, pero la niña no respondió nada.

Íbamos a insistir cuando unos chicos mas grandes que nosotros salieron de entre unos arbustos, asustándonos.

Fue menos de un segundo lo que duró el susto, pero perdimos de vista a la niña, miramos alrededor, buscándola, creyendo que había salido corriendo, pero no la encontramos.

Extrañados los chicos que nos asustaron nos preguntaron que nos pasaba, y se disculparon por la broma, ofreciéndonos dulces.

Entonces yo les explique que pasaba, que buscábamos a una pequeña niña disfrazada de princesa.

Los chicos se quitaron las mascaras, y se miraron entre si, luego nos miraron a nosotros.

“¿Cuál niña?, cuando los vimos cruzando la calle, solo venían ustedes cuatro”

 

Historias de Terror en Halloween: El Gato

 

Mi madre no nos dejaba salir en Halloween, era muy religiosa, y decía que eran fiestas del diablo.

Así que una vez, mi hermana y yo mentimos, y dijimos que íbamos a hacer la tarea con unas amigas. Si bien, eso no era mentira, al terminar nos disfrazamos y salimos a pedir dulces.

Era ya tarde, y teníamos miedo de que nuestra madre nos encontrara en la calle, volvimos a la casa de nuestra amiga, tomando un atajo, por un terreno baldío.

Cuando pasamos corriendo, escuchamos como alguien nos llamaba, silbándonos. Volteamos, esperando ver un vagabundo, o algún niño, pero no había nada, solo un gato negro sentado en el suelo.

Seguimos nuestro camino, esta vez caminando, mirando hacia todas partes por si alguna persona se acercaba.

Entonces, escuchamos una voz, llamando a una de mis amigas.

Giramos buscando a quien le hablaba, y con sorpresa, vimos que era el gato el que estaba hablando.

Vi al animal abrir la boca y como de esta salía el nombre de mi amiga.

Sali corriendo, y detrás de mi hermana y una de mis amigas. Mi hermana me jaló del brazo, y dijo que necesitábamos pedir ayuda, ella corrió más rápido, gritando que una de nuestras amigas se había desmayado.

Sus padres salieron rápidamente, y fueron al baldío, allí encontramos a la chica, de la que el gato había dicho el nombre, desvanecida, del gato, no hubo rastro.

Mi madre nos regaño como nunca, jamás volvimos a salir a pedir dulces, y mi amiga, bueno, ella ahora le tiene fobia a los gatos, y durante mucho tiempo, tuvo terrores nocturnos.

 

Historias de terror de Halloween: Bola de Pelos

 

Lo mas extraño que me ha ocurrido en esta fecha, paso hace un año. Lleve a mis hijos a pedir dulces, reuniéndonos con un grupo de vecinos, como es costumbre, algunos adultos iban disfrazados también, yo por ejemplo, iba de la muerte.

En un momento mientras caminábamos, sentí como un perro paso entre mis piernas, haciendo que me tropezara.

Mire hacía abajo, mire alrededor, pero no había ningún perro, así que pensé que quizás había confundido la sensación, y que quizás había sido un niño pequeño el que me había hecho tropezar, o la tunica de mi disfraz, así que con cuidado, lo recogí para evitar tropezar de nuevo.

Minutos después volví a sentir algo pasando cerca de mis piernas, pero esta vez, logre ver un bulto negro, quise creer que era un perro, pero lo que yo vi era más como una enorme pelota peluda.

Antes de poder investigar o pensar con racionalidad, mi hija de trece años me aferro del brazo, y me dijo que algo se le estaba enredando entre los pies, y que no lograba ver que era. En ese momento, una señora que estaba frente a nosotros, dijo que ella también sintió algo, pero no pudo ver nada.

El grupo se detuvo, buscando algún animal, no había nada.

Fue en ese punto, en que comencé a tener miedo por lo extraño de la situación, ya que varias personas habían sentido o visto lo mismo, una esfera oscura que se aferraba a sus piernas, lo que confirmaba que era algo real, y no solamente mi imaginación.

Decidí revisar las piernas de mi hija, y encontré pegados a sus mallas del disfraz de bruja, unas pequeñas espinas de color negro, otro padre me informó que el encontró las mismas en el disfraz de su hijo. Fuimos varios los que acabamos con esas cosas pegadas a la ropa.

Decidimos volver a casa, por suerte, no volví a ver o sentir aquella extraña cosa.

Aun conservo las espinas, o cabellos, no sé bien que son, me recuerdan levemente a un puercoespín, pero sé que nunca ha existido un puercoespín de aquel tamaño.

Según me entere días después, a uno de los niños del vecindario, algo los había atacado, mordiéndolos mientras pedían dulces, eran mordidas pequeñas, pero lo que mas llamó mi atención eran las espinas que encontraron en sus ropas, según me contó mi hija, los niños atacados narraron que una especie de animal los siguió la noche de Halloween, y los había mordido mientras caminaban por la calle.

No se que habrá sido eso, no sé si quiero saberlo, pero agradezco que a mi familia al menos, no le haya ocurrido nada, y que los niños atacados, pese a todo, no fueron heridos de gravedad.

Historias de terror en Halloween: La casa fantasma donde pedí dulces

 

El Halloween es una de las épocas mas esperadas del año, esa época donde los amantes del terror y lo sobrenatural disfrutan, por ver películas de terror, la ambientación, y si eres un niño, seguramente, lo ansias por los dulces.

Lamentablemente, no todo es diversión, algunas veces ocurren cosas extrañas, escalofriantes.

Cuando era niña a mi me gustaba salir a pedir dulces, vivía en una zona residencial cerrada, axial que era normal que me dejaran salir a pedir dulces sola, ya que además, solo pedía dulces en las casas de la cerrada, y creo que no había muchos niños además de mi, y los que había iban a pedir dulces a otras zonas, con sus familias, de hecho solo recuerdo haber salido en grupo con los vecinos un par de veces.

Aquella noche salí con mi perrita, una mestiza de labrador.

Esa noche no había recibido suficientes dulces, axial que decidí aventurarme fuera de la cerrada, donde vi. Un grupo de niños al cual seguí.

Sobre la avenida, habían muchas casas, conseguí muchos dulces mezclándome con el grupo, pero entonces, al final de una calle, vi. una casa que llamo mi atención, era una casa con muchas veladoras encendidas, su color era oscuro, creí por un momento que era una casa del terror que algún vecino había hecho, pero nadie se acercaba.

Curiosa como era, decidí ir a ver.

En cuanto estuve cerca pude ver que al interior de la casa había dos mujeres vestidas de blanco, que me miraron y sonrieron saludándome, llamándome por mí nombre, dijeron: “que alegría de verte, a ti y a Sisi” ese era el nombre de mi perrita.

 

Aquello me extraño, les dije que yo no las conocía, que jamás había ido allí a pedir dulces. Una de las mujeres abrió la ventana, y me mostró un gran tazón lleno de dulces, me dijo: “que graciosa eres, tu vienes cada año, mira, compramos tus favoritos. El año pasado te disfrazaste de vampiro”

Eso era cierto, y aquellos dulces si eran mis favoritos, recelosa me acerque, y extendí la bolsa donde recolectaba dulces, la mujer vertió varios en ella, y se despidió de mi con una sonrisa. “nos vemos el próximo año”

Me aleje de aquella casa, siguiendo a otro grupo de niños pidiendo dulces, cuesta abajo. El día término sin más sobresaltos, llegue a casa, me bañe y me fui a dormir.

Al día siguiente, acompañé a mi padre a comprar unas cosas a la ferretería, y pasamos por la misma calle donde había visto la casa de las veladoras, sorprendida y asustada, vi que en aquel sitió no había una casa, bueno, no completa, era una casa destartalada, y vieja, prácticamente en ruinas, llena de grafitis.

No le dije a mis padres nada, pero los dulces que esas dos extrañas me obsequiaron seguían en mi bolsa, como la prueba de que aquello si había ocurrido.

Al año siguiente volví a ir, esta vez acompañada de mis primos, no hubo veladoras, ni mujeres de blanco, solo una casa en ruinas, en completa oscuridad.

 

 

 

martes, 29 de septiembre de 2020

Encuentros con Skinwalkers: Willy

 


W  i  l  l  y

Hacía un día precioso, el sol brillaba en lo más alto de un perfecto cielo azul totalmente despejado, una suave brisa refrescaba el ambiente y por alguna increíble razón no había insectos molestos como mosquitos o chapulines.

David, de trece años iba sentado en la zona de carga de la enorme camioneta todo terreno color rojo de la familia, a su lado izquierdo iban sus hermanos Jonathan de diecisiete años, y Karla de quince, y su perro Willy cruza de husky siberiano y Labrador, que era la adoración de los tres hermanos, pues lo habían tenido desde cachorro. Jonathan y su padre se habían encargado de educarlo.

David adoraba a ese perro, para él, era como otro hermano, uno menos gruñón que Jonathan y uno menos quisquilloso que Karla.

— No Willy, dámelo —Grito Karla mientras jalaba el juguete de trapo de Willy, que gruñía juguetonamente.

— ¡Niños, compórtense! —Les llamó su madre desde la cabina —o van a dejar de ir allá atrás

—Ya Karla —dijo Jonathan quitándole el juguete de trapo, en cuanto él lo agarro Willy se sentó y ladeo la cabeza.

David se rió y acaricio la enorme cabeza oscura de Willy.

Siguieron su camino, hasta llegar a un claro donde estaba una enorme cabaña de dos pisos. Cada año sus padres los llevaban allí a pasar las vacaciones, tenía cinco habitaciones, alberca, un asador y estaba rodeada de árboles y montañas para explorar.

Se detuvieron frente a la cabaña, al lado de un gran árbol donde había un columpio de cuerda. Entre todos bajaron las maletas y las bicicletas, mientas Willy bajó de un salto y se fue corriendo al bosque.

Una vez que bajaron todo, se dirigieron a la cabaña. A David le fascinaba aquel sitio, era como estar en un cuento, las paredes eran de ladrillos rojos, el techo era de madera oscura, el suelo también era de madera pero era mas brillante.

Willy entro corriendo saltando alrededor de todos ellos. Jonathan le acaricio la cabeza y le dio la orden de que se tumbara en el suelo.

     Hora de elegir habitaciones —Dijo su madre.

Los tres hermanos subieron a tropel, seguidos por Willy.

     Yo quiero la del cielo —Dijo Karla, metiéndose a la primera habitación del lado derecho de las escaleras. Ese cuarto tenia el techo de color azul marino, con todas las constelaciones del zodiaco señaladas, además tenia su propio baño y una tina.

David se apresuró a correr hasta el fondo del pasillo para ganarle a Jonathan la habitación con vista a la alberca y a las montañas, pero antes de poder entrar sintió un tirón y cayó de nalgas sobre el suelo.

—Esta es mía —Exclamó Jonathan entusiasmado.

— ¡Jonathan! —Gritó su madre desde detrás de ellos.

Se acercó a David y le ayudo a ponerse de pie, luego entró en la habitación, para regañar a Jonathan.

Apenado, David se mantuvo fuera, pero se acercó a la puerta para poder escuchar, pues que regañaran a Jonathan no era un suceso común, y él no podía perdérselo.

Al final, David gano la habitación y su hermano tuvo que ocupar la única que estaba en la parte de abajo, esa a David no le gustaba, pues no tenia cortina, y la vista en la noche era muy tétrica pues la única ventana daba hacia el bosque.

David se apresuró a sacar sus cosas, dejando la ropa tirada en el suelo, sabía que su madre le regañaría, pero estaba demasiado emocionado como para que le importara, sacó su pistola de proyectiles de goma, de esas que anunciaban en la televisión como si al portarlas los niños se volvieran automáticamente más rudos y geniales, y David así se sentía.

Saco también su laptop, aunque no pensaba usarla hasta más tarde cuando fuera demasiado noche para salir a explorar.

Preparo lo que el llamaba “su equipo de exploración”: una radio portátil, un teléfono celular protegido con una funda de silicona con forma de una vieja polaroid con una correa que permitía llevar el teléfono en el cuello, una brújula y unos binoculares, y una vez listo todo su “equipo” salió de su habitación.

En la sala se encontró a su padre alistando sus armas, una escopeta y un par de rifles, seguramente iría de caza, allí abundaban los venados.

Su padre era un aficionado a la cacería, en su casa contaba con algunos animales disecados, un águila, la cabeza de un enorme oso que adornaba el salón principal y una ardilla, en la cabaña también había algunos, como la cabeza de un puma y la de un oso.

A David no le gustaban las cabezas de los animales, le había gustado comer venado y jabalí, incluso pato, pero no entendía porque debían tener sus cabezas colgadas en las paredes.

—No vayas a alejarte mucho David —le dijo su padre mientras limpiaba el cañón del rifle.

David no respondió y salió, donde se encontro a sus hermanos jugando con Willy. Se lanzaban entre ellos un frisby anaranjado, mientras el perro intentaba atraparlo dando enormes saltos.

A David les aviso que iría a explorar el bosque.

En ese momento su madre bajo de la camioneta con unas botellas de refresco, y le dijo que no fuera a tardar demasiado y que lo esperarían en la alberca para comer.

David se dirigió hacia el bosque, aunque no estaba seguro de que fuese realmente un bosque, no iba a ponerse a analizar la diferencia entre un cerro, bosque y selva, a él lo que le importaba, era que en aquel sitio había enormes y tupidos árboles y muchos animales a los cuales poder tomar fotografías. En cuanto se adentró entre los árboles, noto a Willy caminando a su lado, a lo que David sonrió y le acaricio la cabeza.

         —Buen chico

Caminaron por un rato, él perro iba y venía entre los árboles, mientras David tomaba fotos con su teléfono celular a todo lo que le parecía interesante, lamentándose de no poder fotografiar a ningún animal porque Willy los asustaba.

De repente Willy se detuvo a unos pasos por delante de David, y comenzó a gruñir.

— ¿Qué pasa chico?

David se le acercó y le sujeto por el collar, sintió el pelo de Willy erizado y sus músculos tensos.

David pensó que quizás el perro había detectado un animal de mayor tamaño, como un oso, asi que lo solto y lentamente camino hacia atrás.

Algo golpeo a David en la cabeza, haciéndole sangrar la ceja, algo que había sido lanzado de entre los árboles, haciendo que el niño cayera al suelo. Entonces Willy comenzó a ladrar.

—Vámonos, vámonos —Grito David, mientras el perro seguía ladrando y más cosas parecidas a rocas o canicas lo golpeaban. Armándose de valor, el niño levanto su pistola de dardos de goma y disparó ciegamente. — ¡Déjame en paz! —Gritó con lágrimas en los ojos.

Se escuchó un sonido extraño, fuera de lugar en aquel sitio, era el mismo sonido que hacían los monos aulladores en el zoológico de la ciudad, pero tenía algo de antinatural, pues venía acompañado de aquella estática que se puede escuchar en los radios cuando la señal falla, mientras la lluvia de proyectiles no dejaba de caer.

Uno de los proyectiles le reventó el labio, otro por poco le da en el ojo, haciéndolo sangrar del rostro.

Willy seguía ladrando, pero esta vez se acercó a David, como si quisiera protegerlo. El niño tiro su pistola, se levantó y corrió. Willy lo siguió.

A su alrededor el ruido comenzó a hacerse más fuerte, e insoportable.

— ¡Papá! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Mamá! —comenzó a gritar David desesperado, mientras seguía corriendo, sin darse cuenta de que no iba por el camino correcto.

Otro proyectil le dio en la nuca, uno más en la pierna izquierda, y luego otro más grande le dio de lleno en la espalda tirándolo al suelo. Willy ya no estaba con él, pero lo escuchaba ladrar frenéticamente.

Entonces recordó su teléfono, lo tomo, estaba intacto, lo que era increíble, pero eso no era lo importante. Aún podía escuchar los ladridos de Willy y lo que sea que fuera que hacía sonidos de mono, mientras seguían lanzándole cosas.

Escucho a Willy lanzar un chillido, algo lo había lastimado.

Se levantó, y siguió corriendo, tenía que esconderse para poder llamar a su familia. Se adentró más en el bosque, hasta que por fin el ruido de esa cosa que lo estaba persiguiendo se hizo más tenue, y los proyectiles dejaron de golpearlo. Así que aprovecho para recargarse contra un árbol, y entrar al menú de teléfono de su celular, el número que aparecía primero era el de Karla, ¿Por qué?, no importaba, lo que importaba era que estaba allí.

Marcó el número de su hermana y se pegó el teléfono al oído, escuchando el pitido que marcaba la conexión de la llamada.

         ­— ¿David? — La voz de su hermana fue un alivio, pero no pudo disfrutar el momento, pues el ruido que parecía una grabación del aullido de un mono volvió a hacerse presente. Aquello estaba acercándose.

         —¡Ayúdame Karla, ayúdame ven por mí, ven por mi!

Un nuevo proyectil le golpeo en la cara, y otro más golpeo el teléfono, haciéndolo temblar entre las manos del niño, quien volvió a correr sin rumbo mientras pedía ayuda.

Al otro lado de la línea Karla le gritaba.

—¡¿Dónde estás?! , ¡¿Qué ocurre?! , David, ¡Ve hacia el este, hacia el este!

David no podía prestarle atención, seguía corriendo, y gritando, hasta que cayó nuevamente y el teléfono escapo de sus manos. El ruido que parecía la grabación de un mono se detuvo.

David se quedó tirado, llorando, mientras escuchaba ramas secas romperse a su alrededor. Algo se estaba acercando.

         —Papá…. Mamá —sollozó.

Los pasos se detuvieron, y el sonido de la cosa que lo había atacado se volvió a escuchar, esta vez demasiado cerca, pero David tenía mucho miedo y no se atrevía a mirar.

Entonces escucho los ladridos de Willy justo sobre su cabeza, y aunque no pudo verlo, sintió que el perro saltaba, atacando a aquello que lo había perseguido, David se puso de pie y continuo corriendo, alejándose de la lucha entre Willy y lo que sea que lo había estado persiguiendo.

Un disparó se escuchó a la distancia, luego otro, y David se detuvo. Pensó que seguramente era su padre, o por lo menos eran personas y cambio su dirección, corriendo hacia donde escuchaba lo disparos, intentando dar un rodeo para evitar el sitio donde Willy luchaba contra algo desconocido, aun podía escucharlo gruñir y ladrar.

         — ¡Papá! —Gritó David mientras corría. — ¡Papá!

         — ¡¿David?!

Escucho la voz de Jonathan, lejos, pero sin duda era Jonathan. Y luego otro disparo.

David siguió gritando y corriendo, ya no escuchaba a Willy.

         — ¡Jonny!, ¡aquí Jonny!

Escucho entonces un sonido extraño a sus espaldas, como si rasgaran tela pero mucho más fuerte, y llenó de pánico intento correr más rápido.

         —David

Grito Karla, quien corría hacia un asustado David, que al verla no pudo evitar llorar desconsoladamente.

Karla lo abrazó con una mano, en la otra llevaba un cuchillo, el cuchillo que utilizaban en las carnes asadas. David vio que en el suelo, a pocos pasos de ellos estaba la bicicleta de Jonathan, una enorme bicicleta de color rojo.

         — ¿Qué te paso? —preguntó Karla mientras le limpiaba el rostro

         —Vámonos, hay que irnos, eso puede volver —dijo David.

         — ¿Qué cosa?

David jalo a Karla, pero ella no se movió.

         — ¿Qué cosa David?, ¿Qué te pasó?

Karla dejó caer el cuchillo, saco su celular y mando su ubicación a Jonathan, luego, lo llamo por teléfono mientras retenía a David.

         —Lo encontré, está herido, no veo nada, pero supongo que fue un animal. —dijo.  —David, vamos a la cabaña.

Karla le dio el cuchillo, y levantaron la bicicleta, luego arrempujándola comenzaron a caminar. David no dejaba de mirar a su alrededor, y de pronto escucho los ladridos de Willy.

         — ¡Willy! —Grito David llamándolo, pero aferrándose a su hermana.

De entre los árboles aparecieron Jonathan y su padre, cada uno de un sitio diferente, llevaban un rifle cada uno.

Jonathan se dirigió hacia la dirección de los ladridos, pero espero a que su padre le dijera que podía ir por él.

         —Karla llévalo a la cabaña, iremos por Willy —Dijo su padre y Jonathan comenzó a caminar. —Lleva esto —Le dio a Karla una pistola, era pequeña, pero serviría contra algún animal, mejor que el cuchillo.

Karla obedeció, tomo la pistola y dejo la bicicleta para poder llevar a David de la mano. En el camino se encontraron a su madre que llevaba la escopeta. Al verlos corrió hacia David y lo abrazo.

         — ¿Qué paso David?

         —No sé, algo me aventaba cosas. —dijo lleno de lágrimas.

Juntas lo llevaron de regreso a la cabaña, para sorpresa de David se había alejado mucho. Era una suerte que lo hubieran encontrado tan rápido, y la verdad era que había sido gracias a Willy y sus ladridos.

Llegaron a la cabaña ya entrada la tarde, el cielo se teñía de rojo, y el sol comenzaba a ocultarse en una maravillosa imagen, que ninguno observaba.

David se dio un baño de agua caliente, acompañado de su madre, porque estaba muy asustado. Mientras Karla esperaba en la sala a que Jonathan y su padre regresaran con Willy. Una vez que estuvo limpio, insistió en estar en la sala junto a su madre y su hermana, donde no pudo evitar quedarse profundamente dormido.

Sus sueños no fueron tranquilos, se vio de nuevo en medio del bosque, rodeado de enormes y oscuros árboles mientras una sombre gigantesca lo perseguía, imitando el sonido de los monos del zoológico. David corría, intentaba gritar pero no podía, la extraña presencia estaba a punto de alcanzarlo, pero entonces Willy comenzó a ladrar, y Karla lo llamaba.

— ¡Entra ya Willy! ¡Ven!

David se despertó. Desorientado miro a su alrededor, estaba en una cama que no era la suya, había un foco de luz cálida en el techo, el techo era de madera oscura, las paredes de ladrillo rojo, y la ventana sin cortinas dejaba ver un cielo oscuro.

A fuera podía escuchar un perro ladrando, y a Karla gritando, llamaba a Willy.

Recordó todo, y se apresuró a salir del cuarto, vio a Karla salir por la puerta hacia la oscuridad de la noche, afuera Willy ladraba una y otra vez.

David observo a su alrededor, la pistola que le su padre le había dado a Karla estaba en el sillón, y no había rastro de su madre, aquello le hizo sentir pánico, estaban solos, y Karla había salido sin protección.

 Agarro la pistola y salio de la cabaña, vio a Karla que caminaba hacia el columpio de llanta, frente a ella estaba algo que ladraba, era Willy, que estaba sentado sobre sus patas traseras, ladrando.

Desde donde estaba vio a Karla detenerse, y luego retroceder poco a poco, el perro dejo de ladrar y saltó sobre ella, Karla grito llena de terror, el perro le había mordido el brazo y comenzó a zarandearla de un lado a otro mientras ella forcejeaba.

Sin saber bien que hacer David corrió hacia ella, se detuvo aproximadamente a un metro de ella y del perro, con cierto esfuerzo logro levantar el arma y jalo el gatillo.

La pistola saltó entre sus manos, y el impulso del disparo lo hizo caer de nalgas sobre el suelo, al mismo tiempo en que sus manos se acercaban a su cara. La culata de la pistola le pegó en la nariz y en la boca, y David saboreo su propia sangre.

Sin dejar la pistola se apresuró a ponerse de pie, y vio que Karla corría hacia él, en cuanto estuvo cerca lo agarro de la axila y lo cargo. Lo estaba lastimando, pero no importaba, ella lo arrastraba hacia la cabaña, mientras el falso Willy se retiraba a los árboles, caminando sobre sus patas traseras. Ya no se parecía a un perro, era más como una persona muy delgada que usaba la piel como un disfraz.

La extraña criatura se apoyó en un árbol y abrió la boca, y sin que la moviera, comenzaron a escucharse los ladridos de Willy acompañados de un sonido chirriante, como la estática de la radio cuando no se puede sintonizar una estación de forma adecuada, igual que en el bosque con los sonidos de los monos.

Entraron a la cabaña, y luego al cuarto de Jonathan, Karla lo dejo en el suelo y comenzó a poner todos los muebles de los que disponían contra la puerta, un sillón individual, un cajón de madera, y las maletas de Jonathan; David se puso de pie y se apresuró a ayudarla para empujar la cama contra la puerta, temiendo que esa cosa pudiera entrar.

Miro el brazo de su hermana, estaba sangrando, tenía la marca de una mordida, pero no parecía la mordida de un perro, al menos no del todo, parecía la marca que dejarían unos dientes humanos, unos dientes humanos muy afilados.

Una vez que aseguraron la puerta lo mejor que pudieron se asomaron por la ventana, y vieron al Willy impostor sentado al lado del columpio, como si nada hubiera pasado. El perro los miraba con unos gigantescos ojos amarillos. Entonces abrió la boca y de ella, sin moverse, salieron ladridos.

— ¿Qué es eso?

—No lo sé, pero parece que no piensa entrar. —le respondió Karla. —oye, gracias, fue un disparo horrible, pero me salvaste.

David la miró, ella sonreía, él le devolvió la sonrisa, y entonces noto que en su mano derecha tenía la pistola, no la había soltado. Con cuidado se la dio a su hermana, la verdad es que ninguno de los dos era buen tirador, a diferencia de su padre no disfrutaban de matar animales, pero aquella cosa no lo sabía, y no tendría por qué saberlo, así que mejor que supiera que estaban armados.

Se quedaron a la espera, vigilando a aquella cosa desde la ventana.

De nuevo parecía un perro y se acercó a la cabaña, caminando hacia la parte izquierda, pensaba darle la vuelta seguramente. Aquel ser comenzó a chillar como un perro herido, David sintió una opresión en el pecho. Adoraba a Willy, era su mejor amigo, lo habían tenido desde cachorrito, y si no hubiera visto como había atacado a su hermana, seguramente hubiera salido y caído en la trampa de aquella cosa.

Entonces vieron llegar a Jonathan, iba caminando, con el rifle entre las manos.

— ¡Cuidado Jonny! —Gritaron ambos para alertarlo, pero él no los escucho.

El falso perro se acercó a Jonathan, movía la cola de un lado a otro, Jonathan se le acercó y estiro su mano para acariciar su cabeza, entonces el perro se le lanzó encima mordiéndole el brazo, y tirándolo al piso.

Karla abrió la ventana y salió con la pistola entre sus manos, mientras corría hacia su hermano, pudo ver como la criatura sobre el dejaba de parecerse a un perro, y comenzaba a tomar una forma hibrida entre un humano y un canino, como un hombre lobo, y sus manos se cerraban alrededor del cuello de Jonathan.

Karla apunto la pistola y disparó, acertando en la espalda de aquel ser, quien levanto la cabeza y aulló adolorido, soltando a Jonathan, quien aprovecho para tomar su rifle y golpear con él a aquella criatura, la cual rodo hacia un lado.

Karla intento disparar de nuevo, pero no había más balas, en el suelo Jonathan apunto con el rifle a la criatura.

Pero la criatura en un movimiento increíble se puso de pie, y salió corriendo hacia los arboles a una velocidad imposible, antes de que la bala del rifle pudiera acertarle.

Jonathan se puso de pie, y apunto con el rifle hacia la oscuridad, entonces dio un paso hacia delante, pero Karla le detuvo.

David vio que sus hermanos regresaban a la cabaña, y entraron por la ventana. Jonathan se miraba el brazo donde aquella cosa lo había mordido, Karla, con el teléfono de su hermano mayor marcaba un número, David supuso que sería a sus padres.

— ¿Qué era eso? —les preguntó Jonathan.

—No lo sé —respondió David — ¿Dónde están papá y mamá?

—Papá me mando a ver como estaban, eso fue hace media hora, creo, no me quiso decir que paso, pero llamo a mamá y le pidió que llevara la camioneta.

Entonces fue el turno de Karla para hablar

—Le llamó hace como una hora, dijo que tenían que ir a un médico, creí que te había pasado algo.

— ¿Qué pasa si eso regresa? —Interrumpió David — ¿Tienes suficientes balas?

—Si David— Respondió Jonathan —vamos a cerrar bien las puertas, y a esperar que papá y mamá regresen.

Y así lo hicieron,  entre los tres quitaron los muebles de la puerta y salieron para cerrar con seguro todas las puertas y ventanas, luego volvieron  al cuarto de Jonathan para vigilar por la ventana. En menos de una hora, vieron llegar a toda velocidad la camioneta de sus padres, quienes bajaron rápidamente del vehículo, e intentaron abrir la puerta, al no poder comenzaron a golpearla con los puños. Los chicos abrieron la ventana y salieron por allí.

— ¿Están todos bien? —preguntó su madre.

—Si mamá — dijo Karla, pero su padre le sujeto el brazo y observó la mordida.

—Llamare a la policía, Ana, desinfecta la herida —dijo su padre, para luego tomar su rifle y asomarse al exterior. — ¿Qué fue lo que paso?

—Algo me ataco, creímos que era Willy, se parecía mucho. —explico Karla

—Yo también lo vi—se apresuró a decir Jonathan —también me ataco, papá, esa cosa era como Willy o eso pensé, pero tenía manos, intento ahorcarme.

Su madre observó la herida en el brazo de Jonathan, era igual a la que Karla tenía, y los tres pudieron ver como su rostro se tornaba pálido.

—Willy está muerto niños —dijo su madre.

David se estremeció, y sintió como le escocían los ojos, y comenzó a llorar.

—Lo encontré en el bosque, cerca del arroyo, creí que había sido un animal lo que lo ataco —dijo su padre. Luego de observar las heridas en los brazos de sus hijos dijo —Esa mordida es la de una persona, no un animal, seguramente hay un demente suelto, así que todos van a quedarse en este cuarto, y yo hare guardia en lo que llega la policía.

Estaban organizándose cuando escucharon el grito de una mujer.

— ¡Auxilio!, por dios, por favor ayuda

—Quédense aquí —dijo su padre y salió de la cabaña.

Jonathan no hizo caso, y lo siguió, afuera los gritos se volvieron a escuchar.

— ¡Auxilio!, por dios, por favor ayuda

El grito se repetía una y otra vez, y David se estremeció, pues distinguió algo por debajo del grito, algo que ya había escuchado antes. La estática.

David quiso gritar, advertirles que se alejaran, pero el miedo lo tenia paralizado, entonces escucho un sonido estridente, y unas luces rojas y azules se vieron por el camino. Eran los policías.

Fueron dos patrullas las que llegaron, cuatro policías; Estaban aparcando cuando el grito de la mujer pidiendo auxilio volvió a escucharse. Dos policías bajaron de la primera patrulla y corrieron hacia el bosque, seguidos por el padre de David y Jonathan, otro policía de la segunda patrulla bajo y se les unió, mientras el último policía se dirigió hacia la cabaña.

Karla y David le contaron su historia al policía, quien abrió los ojos realmente asombrado.

—Yo también lo he visto —les dijo— no sé qué es, pero sé que le tiene miedo a las personas, si se atrevió a atacarlos es porque vio que estaban solos.

Luego miro a su madre.

—No los dejen solos en estos sitios, hace cerca de medio año comenzaron a desaparecer muchas personas por estas montañas; De hecho, hace unas horas, un par de cazadores reportaron que los habían agredido en el bosque de la misma forma que a ti, y comenzaron a disparar.

—Los escuchamos cuando estuvimos buscando a David —dijo su madre —ha sido horrible, temía lo peor.

—Qué bueno que no te pasó nada —Dijo el policía con una sonrisa. —Toma, dicen que esto los ahuyenta —Entrego a David un collar de estambre de color rojo, con una bolsita de cuero.

David sujeto el regalo y se lo colgó al cuello.

         — ¿Usted donde lo vio? —preguntó.

—En lo profundo de la montaña, fui de campamento con mi hermano, en la noche, escuche la voz de mi hermano llamándome desde los arboles, y estuve a punto de caer en la trampa, cuando mi hermano me sujeto por el brazo, fue escalofriante, escuchaba su voz desde la sombras, mientras mi hermano estaba allí mismo. Pero no nos atacó, quizás a ustedes, como son niños, los vio como presas más fáciles.

David asintió, le creía al policía, además de que no se había reído de ellos.

En un par de horas su padre y los otros policías regresaron, estos dijeron que los gritos ser parecían una grabación, que alguien seguramente les estaba tentando para caer en una trampa, así que pedirían refuerzos e intentarían investigar.

Les dijeron que los escoltarían a un hotel, pero sus padres se negaron, así que los policías terminaron yéndose, dejando a la familia en la cabaña.

Una vez se fueron, Jonathan y su padre salieron, no le dijeron a David, pero él se dio cuenta de que iban a enterrar a Willy.

Fue una noche difícil para David, tenía mucho miedo y no pudo conciliar el sueño. Se habían quedado todos en la habitación de Jonathan, David y Karla en la cama, Jonathan y su madre en una colchoneta en el suelo, mientras su padre montaba guardia en la sala.

No sabía que horas eran, pero por la ventana sin cortinas pudo ver el cielo oscuro, se asomó por la ventana y vio la tierra suelta donde ahora Willy descansaba para siempre.

Comenzó a llorar.

Si no fuera por Willy, aquel día habría muerto

sábado, 19 de septiembre de 2020

Historias de Brujas: El Ropero



En mi País es muy común que existan mercados ambulantes donde se vendan todo tipo de cosas, nosotros le llamamos tianguis, y son un montón de puestos armados por tubos o madera, con una manta para darse sombra, o bien son simples mantas en el suelo.


Mi familia y yo, acudíamos a un gran tianguis, muy famoso por donde vivo, íbamos cada sábado.

En ese tianguis se encontraban puestos vendiendo antigüedades, por lo que era divertido ir aunque fuese solo a verlas, era como un museo al aire libre. 

Recuerdo que llegamos un día temprano, había un señor muy viejo y delgado con una camioneta destartalada de color blanco, intentaba vender un hermoso ropero de madera de ébano a un bazar, pero el señor del bazar le decía que de momento ya tenía muchos roperos. Yo tenía en ese entonces diez años, y no pude evitar sentir miedo de ver a aquel señor en tan mal estado. 

Sin embargo, a mis padres lo que les intereso era el ropero, pues a mí me faltaba uno en mi cuarto. Así que se acercaron al hombre, y compraron el Ropero por un costo ridículamente bajo, incluso el hombre llevo el ropero a nuestra casa. Pusieron el ropero en mi cuarto, y con ayuda de mi madre, acomodamos toda la ropa.

El ropero era un gigantesco ropero de color negro, de dos puertas sin espejos, con bordes dorados, era muy bonito, la verdad, pero para mí no era muy importante, de hecho a penas recuerdo que hice ese día, lo que si recuerdo fue lo que ocurrió.

El día fue como todos, tanto así, que apenas recuerdo si hice algo relevante ese día, en fin, el ropero era lo menos importante para mí, hasta que llego la noche.

Mi cama quedaba justo en frente del ropero, como dije antes, no tenia espejos, así que no era tan amenazante. Me dormí envuelto en mis cobijas, hacia frio esa noche.

Unos ruidos me despertaron, rasguños sobre la madera, y gruñidos, como de un perro molesto. 

Nosotros no teníamos mascotas, así que se me hizo extraño, me levante y me asome por mi ventana, que daba al patio de la casa, no vi nada. Los ruidos se volvieron a escuchar, venían de un sitio a mis espaldas. Me gire, y pude ver como el ropero se sacudía de un lado a otro, mientras los gruñidos aumentaban, y algo dentro arañaba la madera.

Salí corriendo y gritando de mi habitación, mis padres acudieron de inmediato. Con esfuerzo les explique que había ocurrido, y entramos al cuarto, me sorprendió ver que el ropero seguía sacudiéndose, acompañado de gruñidos y alaridos.

Mi padre fue por su machete, y abrió la puerta del ropero, una enorme sombra salió de él, tirando a mi padre al suelo. Mi madre y yo salimos a ver que era aquello, pero solo alcanzamos a ver como esa sombra saltaba la barda de la casa.

Cuando regresamos al cuarto, mi padre se había puesto de pie, y veía toda mi ropa destrozada dentro del ropero, sin embargo el interior del ropero estaba intacto.

No vimos a esa cosa regresar, así que creímos que de algún modo, un animal se había metido al ropero, el problema es que no había ningún agujero.

La noche siguiente, ocurrió lo mismo, algo dentro del ropero gruñía y arañaba las puertas, volvi a gritar, mis padres acudieron, pero esta vez no abrieron la puerta, aquello era demasiado extraño. Nos pusimos a rezar frente al ropero, pero en vez de calmarse, escuchamos una voz cavernosa que nos dijo que iba a matarnos.

Huimos de la casa, nos fuimos con una de las hermanas de mi padre, quien no nos creyó ni una palabra, pero nos dio asilo. Al día siguiente ella y mi padre fueron a la casa, mi tía decidió quedarse con el ropero.

La cosa que había salido de él no regreso a molestarnos, pero mi tía que no había creído nuestro encuentro, si bien, jamás admitió que le paso algo similar, termino quemando el ropero.

Mis primos me contaron, que mientras el ropero ardía podían escuchar gritos y aullidos, como de un animal desesperado.

 


lunes, 31 de agosto de 2020

Historias de Skinwalkers: Rocco

 Historias de encuentros con skinwalkers: Rocco



r  o  c c  o

Rocco era mi mejor amigo, era un perro criollo que tenía cierto parecido a un pastor alemán, o al menos eso decía yo. Lo habíamos adoptado en un refugio, no lo tuvimos desde cachorro, pero era el animal más agradecido que hubiera existido. El día que lo perdimos, fue el peor día de mi vida, yo adoraba a ese perro como a un miembro de mi familia.

Un día en que fuimos de visita a casa de mis tíos que viven en el campo, los entonces únicos adultos, que eran mis padre y mis tíos salieron de la casa para comprar comida y cerveza, mientras yo y mi primo nos quedábamos solos, lo cual no nos molestaba, yo llevaba mi consola de videojuegos y preferíamos quedarnos a jugar que ir de compras.

En algún momento, mientras jugábamos, recuerdo que Rocco comenzó a ladrar y a arañar la puerta, por lo que fuimos hasta donde estaba el perro y lo dejamos salir. Rocco estaba entrenado, así que siempre respondía a nuestro llamado, pero en aquella ocasión, fue diferente.

Vimos a Rocco correr hacia la espesura, perdiéndose entre los árboles, lo dejamos un par de minutos, pero cuando ya no lo vimos, comenzamos a llamarlo.

Le pedí a mi primo que me acompañara a buscarlo, y accedió, aunque primero nos regresamos a la casa para apagar la consola de videojuegos y la televisión, así como para cambiarnos la ropa, pues mi primo me dijo que para adentrarnos en el campo, lo mejor era llevar pantalón de mezclilla y botas o tenis que no fueran delgados.

Una vez preparados fuimos al campo, que yo más veía como un bosque, pues había muchos árboles de troncos delgados, pero altos y frondosos, no muy juntos entre sí, pero son tantos que es inevitable pensar en un bosque como los que aparecen en las películas sobre sobrevivencia, o quizás hasta en el amazonas.

Buscamos a Rocco por un largo rato, sin éxito, y al ver que el cielo comenzaba a oscurecerse regresamos a casa. Allí, mi primo recibió una llamada de sus padres, que nos regañaron por no haber atendido al llamado la primera vez, pues mientras buscábamos a Rocco nos habían llamado al teléfono de la casa. El coche se había descompuesto y tardarían en regresar, nos dieron la indicación de que nos preparáramos hot dogs y que cenáramos.

Mientras mi primo ponía a cocer las salchichas y yo picaba el jitomate y la cebolla, escuchamos los ladridos de Rocco afuera de la puerta.

Abrí la puerta pero no vi a mi perro, sus ladridos venían de aquella zona llena de árboles.

Yo comencé a llamarle, y los ladridos seguían escuchándose, así que le avise a mi primo. Él ya estaba preparado con una linterna y una pala, y juntos salimos a buscar a Rocco.

Lo llame muchas veces, pero Rocco no se acercaba, solo ladraba, y cuando estuvimos cerca de los árboles comenzó a llorar. Preocupados, aceleramos el paso.

Entonces vimos a Rocco sentado frente a un árbol, estaba muy rígido, y chillaba, cosa extraña, porque ningún perro que llore de dolor, como lo estaba haciendo el, se mantiene tan quieto y erguido.

Lo llame de nuevo, mientras mi primo lo alumbraba con la linterna.

Los ojos de Rocco, o más bien de lo que creí que era Rocco, eran enormes, no parecían los ojos de un perro, no sabría describirlo muy bien, pues estaba lejos, pero puedo decir que esos ojos no eran naturales, eran grandes y brillantes, como si fueran un par de focos.

Entonces aquello que fingía ser Rocco se puso de pie sobre sus cuatro patas, y comenzó a gruñirnos.

Yo aún creía que era mi perro y di una palmada acompañado de un silbido, así era como hacía que Rocco corriera hacia mí, pero aquel perro no hizo caso, nos gruño y comenzó a caminar de un lado a otro.

Volví a llamarlo, y comencé a acercarme.

El perro dio un salto hacia mí y lanzo una dentellada, caí al suelo con el perro encima mío, apartando su boca de mi cara, su pelo se sentía extraño, muy caliente y húmedo, pero lo peor era su aliento, un aliento cálido y putrefacto, como cuando la carne se echa a perder, pero más intenso. En ese momento no sabía que era el olor de un cadáver.

Mi primo le dio un golpe con la pala y el perro se alejó de mí, rápidamente agarre la linterna que mi primo había dejado caer al suelo y apunte hacia lo que todavía creía que era Rocco.

Aquella cosa ya no se parecía a un perro, parecía una persona extremadamente delgada usando una piel de perro sobre su cuerpo, nos gruño mostrando unos relucientes colmillos.

Grite horrorizado, creo que hasta orine los pantalones. Seguramente habría muerto de no ser porque mi primo se armó de valor y comenzó a arrojarle piedras, tierra, y todo cuanto podía mientras le gritaba:

“lárgate”

Yo reaccione cuando vi que esa cosa se paraba sobre sus piernas traseras, alcanzando una altura de casi dos metros, creo, yo estaba en el suelo, y no era muy alto, así que aquello me pareció un gigante, aunque también mis recuerdos alteran su estatura, mi primo me ha contado que si era grande, pero no tan grande, quizás lo mismo que una persona adulta de un metro ochenta, o poco más, pero en aquel momento, para mí era gigantesco.

Agarre algunas piedras del suelo y comencé a lanzárselas, algunas impactaban en su estómago, otras en sus extremidades; Mientras lanzábamos cosas, yo lloraba, tenía mucho miedo.

Aquel ser dio un paso hacia nosotros enseñándonos los dientes, mi primo alzo la pala y con voz desafiante le grito:

“te daré mas si quieres”

Y aquella extraña criatura se fue corriendo a una gran velocidad, perdiéndose entre las sombras.

Mi primo me ayudo a levantarme, y corrimos de regreso a la casa, pusimos todos los seguros y nos armamos con la herramienta de mi tío, otra pala, un pico, una palanca y un machete, por suerte no tuvimos que usarlos, pues aquello no se acercó nunca más a nosotros.

Mis padres y mis tíos llegaron muy entrada la noche, les contamos lo sucedido, y como obviamente no nos creyeron, recibimos un regaño por no haber cenado, y por haber salido de noche al bosque. Al otro día salimos a buscar a Rocco, lo encontramos muerto entre los árboles, le habían sacado todos los intestinos.

No sé qué fue esa cosa, pero aún recuerdo su cuerpo esquelético, y el desagradable tacto de su piel en mis manos, y cielos, su aliento, su maldito aliento a podredumbre aun puebla mis recuerdos y aviva mi ira.

Sé que el mato a Rocco, y por las historias que hemos escuchado de gente del lugar, sé que sigue allí, en alguna parte, así que ahora que ya soy mayor, regreso cada que puedo, esta vez con un rifle a mano para dar caza a aquella repugnante criatura.