W
i l l y
Hacía un día precioso, el sol brillaba en lo más
alto de un perfecto cielo azul totalmente despejado, una suave brisa refrescaba
el ambiente y por alguna increíble razón no había insectos molestos como mosquitos
o chapulines.
David, de trece años iba sentado en la zona de
carga de la enorme camioneta todo terreno color rojo de la familia, a su lado
izquierdo iban sus hermanos Jonathan de diecisiete años, y Karla de quince, y
su perro Willy cruza de husky siberiano y Labrador, que era la adoración de los
tres hermanos, pues lo habían tenido desde cachorro. Jonathan y su padre se
habían encargado de educarlo.
David adoraba a ese perro, para él, era como
otro hermano, uno menos gruñón que Jonathan y uno menos quisquilloso que Karla.
— No Willy, dámelo —Grito Karla mientras jalaba
el juguete de trapo de Willy, que gruñía juguetonamente.
— ¡Niños, compórtense! —Les llamó su madre
desde la cabina —o van a dejar de ir allá atrás
—Ya Karla —dijo Jonathan quitándole el juguete
de trapo, en cuanto él lo agarro Willy se sentó y ladeo la cabeza.
David se rió y acaricio la enorme cabeza oscura
de Willy.
Siguieron su camino, hasta llegar a un claro
donde estaba una enorme cabaña de dos pisos. Cada año sus padres los llevaban
allí a pasar las vacaciones, tenía cinco habitaciones, alberca, un asador y
estaba rodeada de árboles y montañas para explorar.
Se detuvieron frente a la cabaña, al lado de un
gran árbol donde había un columpio de cuerda. Entre todos bajaron las maletas y
las bicicletas, mientas Willy bajó de un salto y se fue corriendo al bosque.
Una vez que bajaron todo, se dirigieron a la
cabaña. A David le fascinaba aquel sitio, era como estar en un cuento, las
paredes eran de ladrillos rojos, el techo era de madera oscura, el suelo
también era de madera pero era mas brillante.
Willy entro corriendo saltando alrededor de
todos ellos. Jonathan le acaricio la cabeza y le dio la orden de que se tumbara
en el suelo.
—
Hora de
elegir habitaciones —Dijo su madre.
Los tres hermanos subieron a tropel, seguidos
por Willy.
—
Yo
quiero la del cielo —Dijo Karla, metiéndose a la primera habitación del lado
derecho de las escaleras. Ese cuarto tenia el techo de color azul marino, con
todas las constelaciones del zodiaco señaladas, además tenia su propio baño y
una tina.
David se apresuró a correr hasta el fondo del
pasillo para ganarle a Jonathan la habitación con vista a la alberca y a las
montañas, pero antes de poder entrar sintió un tirón y cayó de nalgas sobre el
suelo.
—Esta es mía —Exclamó Jonathan entusiasmado.
— ¡Jonathan! —Gritó su madre desde detrás de
ellos.
Se acercó a David y le ayudo a ponerse de pie,
luego entró en la habitación, para regañar a Jonathan.
Apenado, David se mantuvo fuera, pero se acercó
a la puerta para poder escuchar, pues que regañaran a Jonathan no era un suceso
común, y él no podía perdérselo.
Al final, David gano la habitación y su hermano
tuvo que ocupar la única que estaba en la parte de abajo, esa a David no le
gustaba, pues no tenia cortina, y la vista en la noche era muy tétrica pues la
única ventana daba hacia el bosque.
David se apresuró a sacar sus cosas, dejando la
ropa tirada en el suelo, sabía que su madre le regañaría, pero estaba demasiado
emocionado como para que le importara, sacó su pistola de proyectiles de goma,
de esas que anunciaban en la televisión como si al portarlas los niños se
volvieran automáticamente más rudos y geniales, y David así se sentía.
Saco también su laptop, aunque no pensaba
usarla hasta más tarde cuando fuera demasiado noche para salir a explorar.
Preparo lo que el llamaba “su equipo de
exploración”: una radio portátil, un teléfono celular protegido con una funda
de silicona con forma de una vieja polaroid con una correa que permitía llevar
el teléfono en el cuello, una brújula y unos binoculares, y una vez listo todo
su “equipo” salió de su habitación.
En la sala se encontró a su padre alistando sus
armas, una escopeta y un par de rifles, seguramente iría de caza, allí
abundaban los venados.
Su padre era un aficionado a la cacería, en su
casa contaba con algunos animales disecados, un águila, la cabeza de un enorme
oso que adornaba el salón principal y una ardilla, en la cabaña también había
algunos, como la cabeza de un puma y la de un oso.
A David no le gustaban las cabezas de los
animales, le había gustado comer venado y jabalí, incluso pato, pero no
entendía porque debían tener sus cabezas colgadas en las paredes.
—No vayas a alejarte mucho David —le dijo su
padre mientras limpiaba el cañón del rifle.
David no respondió y salió, donde se encontro a
sus hermanos jugando con Willy. Se lanzaban entre ellos un frisby anaranjado,
mientras el perro intentaba atraparlo dando enormes saltos.
A David les aviso que iría a explorar el
bosque.
En ese momento su madre bajo de la camioneta
con unas botellas de refresco, y le dijo que no fuera a tardar demasiado y que
lo esperarían en la alberca para comer.
David se dirigió hacia el bosque, aunque no
estaba seguro de que fuese realmente un bosque, no iba a ponerse a analizar la
diferencia entre un cerro, bosque y selva, a él lo que le importaba, era que en
aquel sitio había enormes y tupidos árboles y muchos animales a los cuales
poder tomar fotografías. En cuanto se adentró entre los árboles, noto a Willy
caminando a su lado, a lo que David sonrió y le acaricio la cabeza.
—Buen
chico
Caminaron por un rato, él perro iba y venía
entre los árboles, mientras David tomaba fotos con su teléfono celular a todo lo
que le parecía interesante, lamentándose de no poder fotografiar a ningún
animal porque Willy los asustaba.
De repente Willy se detuvo a unos pasos por
delante de David, y comenzó a gruñir.
— ¿Qué pasa chico?
David se le acercó y le sujeto por el collar,
sintió el pelo de Willy erizado y sus músculos tensos.
David pensó que quizás el perro había detectado
un animal de mayor tamaño, como un oso, asi que lo solto y lentamente camino
hacia atrás.
Algo golpeo a David en la cabeza, haciéndole
sangrar la ceja, algo que había sido lanzado de entre los árboles, haciendo que
el niño cayera al suelo. Entonces Willy comenzó a ladrar.
—Vámonos, vámonos —Grito David, mientras el
perro seguía ladrando y más cosas parecidas a rocas o canicas lo golpeaban.
Armándose de valor, el niño levanto su pistola de dardos de goma y disparó
ciegamente. — ¡Déjame en paz! —Gritó con lágrimas en los ojos.
Se escuchó un sonido extraño, fuera de lugar en
aquel sitio, era el mismo sonido que hacían los monos aulladores en el
zoológico de la ciudad, pero tenía algo de antinatural, pues venía acompañado
de aquella estática que se puede escuchar en los radios cuando la señal falla,
mientras la lluvia de proyectiles no dejaba de caer.
Uno de los proyectiles le reventó el labio,
otro por poco le da en el ojo, haciéndolo sangrar del rostro.
Willy seguía ladrando, pero esta vez se acercó
a David, como si quisiera protegerlo. El niño tiro su pistola, se levantó y corrió.
Willy lo siguió.
A su alrededor el ruido comenzó a hacerse más
fuerte, e insoportable.
— ¡Papá! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Mamá! —comenzó a gritar
David desesperado, mientras seguía corriendo, sin darse cuenta de que no iba
por el camino correcto.
Otro proyectil le dio en la nuca, uno más en la
pierna izquierda, y luego otro más grande le dio de lleno en la espalda
tirándolo al suelo. Willy ya no estaba con él, pero lo escuchaba ladrar
frenéticamente.
Entonces recordó su teléfono, lo tomo, estaba
intacto, lo que era increíble, pero eso no era lo importante. Aún podía
escuchar los ladridos de Willy y lo que sea que fuera que hacía sonidos de mono,
mientras seguían lanzándole cosas.
Escucho a Willy lanzar un chillido, algo lo
había lastimado.
Se levantó, y siguió corriendo, tenía que
esconderse para poder llamar a su familia. Se adentró más en el bosque, hasta
que por fin el ruido de esa cosa que lo estaba persiguiendo se hizo más tenue, y
los proyectiles dejaron de golpearlo. Así que aprovecho para recargarse contra
un árbol, y entrar al menú de teléfono de su celular, el número que aparecía
primero era el de Karla, ¿Por qué?, no importaba, lo que importaba era que
estaba allí.
Marcó el número de su hermana y se pegó el
teléfono al oído, escuchando el pitido que marcaba la conexión de la llamada.
—
¿David? — La voz de su hermana fue un alivio, pero no pudo disfrutar el
momento, pues el ruido que parecía una grabación del aullido de un mono volvió
a hacerse presente. Aquello estaba acercándose.
—¡Ayúdame
Karla, ayúdame ven por mí, ven por mi!
Un nuevo proyectil le golpeo en la cara, y otro
más golpeo el teléfono, haciéndolo temblar entre las manos del niño, quien
volvió a correr sin rumbo mientras pedía ayuda.
Al otro lado de la línea Karla le gritaba.
—¡¿Dónde estás?! , ¡¿Qué ocurre?! , David, ¡Ve
hacia el este, hacia el este!
David no podía prestarle atención, seguía
corriendo, y gritando, hasta que cayó nuevamente y el teléfono escapo de sus
manos. El ruido que parecía la grabación de un mono se detuvo.
David se quedó tirado, llorando, mientras
escuchaba ramas secas romperse a su alrededor. Algo se estaba acercando.
—Papá….
Mamá —sollozó.
Los pasos se detuvieron, y el sonido de la cosa
que lo había atacado se volvió a escuchar, esta vez demasiado cerca, pero David
tenía mucho miedo y no se atrevía a mirar.
Entonces escucho los ladridos de Willy justo
sobre su cabeza, y aunque no pudo verlo, sintió que el perro saltaba, atacando
a aquello que lo había perseguido, David se puso de pie y continuo corriendo,
alejándose de la lucha entre Willy y lo que sea que lo había estado
persiguiendo.
Un disparó se escuchó a la distancia, luego
otro, y David se detuvo. Pensó que seguramente era su padre, o por lo menos
eran personas y cambio su dirección, corriendo hacia donde escuchaba lo
disparos, intentando dar un rodeo para evitar el sitio donde Willy luchaba
contra algo desconocido, aun podía escucharlo gruñir y ladrar.
—
¡Papá! —Gritó David mientras corría. — ¡Papá!
—
¡¿David?!
Escucho la voz de Jonathan, lejos, pero sin
duda era Jonathan. Y luego otro disparo.
David siguió gritando y corriendo, ya no
escuchaba a Willy.
—
¡Jonny!, ¡aquí Jonny!
Escucho entonces un sonido extraño a sus
espaldas, como si rasgaran tela pero mucho más fuerte, y llenó de pánico
intento correr más rápido.
—David
Grito Karla, quien corría hacia un asustado
David, que al verla no pudo evitar llorar desconsoladamente.
Karla lo abrazó con una mano, en la otra
llevaba un cuchillo, el cuchillo que utilizaban en las carnes asadas. David vio
que en el suelo, a pocos pasos de ellos estaba la bicicleta de Jonathan, una
enorme bicicleta de color rojo.
—
¿Qué te paso? —preguntó Karla mientras le limpiaba el rostro
—Vámonos,
hay que irnos, eso puede volver —dijo David.
—
¿Qué cosa?
David jalo a Karla, pero ella no se movió.
—
¿Qué cosa David?, ¿Qué te pasó?
Karla dejó caer el cuchillo, saco su celular y
mando su ubicación a Jonathan, luego, lo llamo por teléfono mientras retenía a
David.
—Lo
encontré, está herido, no veo nada, pero supongo que fue un animal. —dijo. —David, vamos a la cabaña.
Karla le dio el cuchillo, y levantaron la
bicicleta, luego arrempujándola comenzaron a caminar. David no dejaba de mirar
a su alrededor, y de pronto escucho los ladridos de Willy.
—
¡Willy! —Grito David llamándolo, pero aferrándose a su hermana.
De entre los árboles aparecieron Jonathan y su
padre, cada uno de un sitio diferente, llevaban un rifle cada uno.
Jonathan se dirigió hacia la dirección de los
ladridos, pero espero a que su padre le dijera que podía ir por él.
—Karla
llévalo a la cabaña, iremos por Willy —Dijo su padre y Jonathan comenzó a
caminar. —Lleva esto —Le dio a Karla una pistola, era pequeña, pero serviría
contra algún animal, mejor que el cuchillo.
Karla obedeció, tomo la pistola y dejo la
bicicleta para poder llevar a David de la mano. En el camino se encontraron a
su madre que llevaba la escopeta. Al verlos corrió hacia David y lo abrazo.
—
¿Qué paso David?
—No
sé, algo me aventaba cosas. —dijo lleno de lágrimas.
Juntas lo llevaron de regreso a la cabaña, para
sorpresa de David se había alejado mucho. Era una suerte que lo hubieran
encontrado tan rápido, y la verdad era que había sido gracias a Willy y sus
ladridos.
Llegaron a la cabaña ya entrada la tarde, el
cielo se teñía de rojo, y el sol comenzaba a ocultarse en una maravillosa imagen,
que ninguno observaba.
David se dio un baño de agua caliente,
acompañado de su madre, porque estaba muy asustado. Mientras Karla esperaba en
la sala a que Jonathan y su padre regresaran con Willy. Una vez que estuvo
limpio, insistió en estar en la sala junto a su madre y su hermana, donde no
pudo evitar quedarse profundamente dormido.
Sus sueños no fueron tranquilos, se vio de
nuevo en medio del bosque, rodeado de enormes y oscuros árboles mientras una
sombre gigantesca lo perseguía, imitando el sonido de los monos del zoológico.
David corría, intentaba gritar pero no podía, la extraña presencia estaba a
punto de alcanzarlo, pero entonces Willy comenzó a ladrar, y Karla lo llamaba.
— ¡Entra ya Willy! ¡Ven!
David se despertó. Desorientado miro a su
alrededor, estaba en una cama que no era la suya, había un foco de luz cálida
en el techo, el techo era de madera oscura, las paredes de ladrillo rojo, y la
ventana sin cortinas dejaba ver un cielo oscuro.
A fuera podía escuchar un perro ladrando, y a
Karla gritando, llamaba a Willy.
Recordó todo, y se apresuró a salir del cuarto,
vio a Karla salir por la puerta hacia la oscuridad de la noche, afuera Willy
ladraba una y otra vez.
David observo a su alrededor, la pistola que le
su padre le había dado a Karla estaba en el sillón, y no había rastro de su
madre, aquello le hizo sentir pánico, estaban solos, y Karla había salido sin
protección.
Agarro
la pistola y salio de la cabaña, vio a Karla que caminaba hacia el columpio de
llanta, frente a ella estaba algo que ladraba, era Willy, que estaba sentado
sobre sus patas traseras, ladrando.
Desde donde estaba vio a Karla detenerse, y
luego retroceder poco a poco, el perro dejo de ladrar y saltó sobre ella, Karla
grito llena de terror, el perro le había mordido el brazo y comenzó a
zarandearla de un lado a otro mientras ella forcejeaba.
Sin saber bien que hacer David corrió hacia
ella, se detuvo aproximadamente a un metro de ella y del perro, con cierto
esfuerzo logro levantar el arma y jalo el gatillo.
La pistola saltó entre sus manos, y el impulso
del disparo lo hizo caer de nalgas sobre el suelo, al mismo tiempo en que sus
manos se acercaban a su cara. La culata de la pistola le pegó en la nariz y en
la boca, y David saboreo su propia sangre.
Sin dejar la pistola se apresuró a ponerse de
pie, y vio que Karla corría hacia él, en cuanto estuvo cerca lo agarro de la
axila y lo cargo. Lo estaba lastimando, pero no importaba, ella lo arrastraba
hacia la cabaña, mientras el falso Willy se retiraba a los árboles, caminando
sobre sus patas traseras. Ya no se parecía a un perro, era más como una persona
muy delgada que usaba la piel como un disfraz.
La extraña criatura se apoyó en un árbol y abrió
la boca, y sin que la moviera, comenzaron a escucharse los ladridos de Willy
acompañados de un sonido chirriante, como la estática de la radio cuando no se
puede sintonizar una estación de forma adecuada, igual que en el bosque con los
sonidos de los monos.
Entraron a la cabaña, y luego al cuarto de Jonathan,
Karla lo dejo en el suelo y comenzó a poner todos los muebles de los que
disponían contra la puerta, un sillón individual, un cajón de madera, y las
maletas de Jonathan; David se puso de pie y se apresuró a ayudarla para empujar
la cama contra la puerta, temiendo que esa cosa pudiera entrar.
Miro el brazo de su hermana, estaba sangrando, tenía
la marca de una mordida, pero no parecía la mordida de un perro, al menos no
del todo, parecía la marca que dejarían unos dientes humanos, unos dientes
humanos muy afilados.
Una vez que aseguraron la puerta lo mejor que
pudieron se asomaron por la ventana, y vieron al Willy impostor sentado al lado
del columpio, como si nada hubiera pasado. El perro los miraba con unos
gigantescos ojos amarillos. Entonces abrió la boca y de ella, sin moverse,
salieron ladridos.
— ¿Qué es eso?
—No lo sé, pero parece que no piensa entrar.
—le respondió Karla. —oye, gracias, fue un disparo horrible, pero me salvaste.
David la miró, ella sonreía, él le devolvió la
sonrisa, y entonces noto que en su mano derecha tenía la pistola, no la había
soltado. Con cuidado se la dio a su hermana, la verdad es que ninguno de los
dos era buen tirador, a diferencia de su padre no disfrutaban de matar
animales, pero aquella cosa no lo sabía, y no tendría por qué saberlo, así que
mejor que supiera que estaban armados.
Se quedaron a la espera, vigilando a aquella
cosa desde la ventana.
De nuevo parecía un perro y se acercó a la
cabaña, caminando hacia la parte izquierda, pensaba darle la vuelta
seguramente. Aquel ser comenzó a chillar como un perro herido, David sintió una
opresión en el pecho. Adoraba a Willy, era su mejor amigo, lo habían tenido
desde cachorrito, y si no hubiera visto como había atacado a su hermana,
seguramente hubiera salido y caído en la trampa de aquella cosa.
Entonces vieron llegar a Jonathan, iba
caminando, con el rifle entre las manos.
— ¡Cuidado Jonny! —Gritaron ambos para
alertarlo, pero él no los escucho.
El falso perro se acercó a Jonathan, movía la
cola de un lado a otro, Jonathan se le acercó y estiro su mano para acariciar
su cabeza, entonces el perro se le lanzó encima mordiéndole el brazo, y
tirándolo al piso.
Karla abrió la ventana y salió con la pistola
entre sus manos, mientras corría hacia su hermano, pudo ver como la criatura
sobre el dejaba de parecerse a un perro, y comenzaba a tomar una forma hibrida
entre un humano y un canino, como un hombre lobo, y sus manos se cerraban
alrededor del cuello de Jonathan.
Karla apunto la pistola y disparó, acertando en
la espalda de aquel ser, quien levanto la cabeza y aulló adolorido, soltando a
Jonathan, quien aprovecho para tomar su rifle y golpear con él a aquella
criatura, la cual rodo hacia un lado.
Karla intento disparar de nuevo, pero no había
más balas, en el suelo Jonathan apunto con el rifle a la criatura.
Pero la criatura en un movimiento increíble se
puso de pie, y salió corriendo hacia los arboles a una velocidad imposible,
antes de que la bala del rifle pudiera acertarle.
Jonathan se puso de pie, y apunto con el rifle
hacia la oscuridad, entonces dio un paso hacia delante, pero Karla le detuvo.
David vio que sus hermanos regresaban a la
cabaña, y entraron por la ventana. Jonathan se miraba el brazo donde aquella
cosa lo había mordido, Karla, con el teléfono de su hermano mayor marcaba un
número, David supuso que sería a sus padres.
— ¿Qué era eso? —les preguntó Jonathan.
—No lo sé —respondió David — ¿Dónde están papá
y mamá?
—Papá me mando a ver como estaban, eso fue hace
media hora, creo, no me quiso decir que paso, pero llamo a mamá y le pidió que
llevara la camioneta.
Entonces fue el turno de Karla para hablar
—Le llamó hace como una hora, dijo que tenían
que ir a un médico, creí que te había pasado algo.
— ¿Qué pasa si eso regresa? —Interrumpió David —
¿Tienes suficientes balas?
—Si David— Respondió Jonathan —vamos a cerrar
bien las puertas, y a esperar que papá y mamá regresen.
Y así lo hicieron, entre los tres quitaron los muebles de la
puerta y salieron para cerrar con seguro todas las puertas y ventanas, luego
volvieron al cuarto de Jonathan para
vigilar por la ventana. En menos de una hora, vieron llegar a toda velocidad la
camioneta de sus padres, quienes bajaron rápidamente del vehículo, e intentaron
abrir la puerta, al no poder comenzaron a golpearla con los puños. Los chicos
abrieron la ventana y salieron por allí.
— ¿Están todos bien? —preguntó su madre.
—Si mamá — dijo Karla, pero su padre le sujeto
el brazo y observó la mordida.
—Llamare a la policía, Ana, desinfecta la
herida —dijo su padre, para luego tomar su rifle y asomarse al exterior. — ¿Qué
fue lo que paso?
—Algo me ataco, creímos que era Willy, se
parecía mucho. —explico Karla
—Yo también lo vi—se apresuró a decir Jonathan
—también me ataco, papá, esa cosa era como Willy o eso pensé, pero tenía manos,
intento ahorcarme.
Su madre observó la herida en el brazo de
Jonathan, era igual a la que Karla tenía, y los tres pudieron ver como su
rostro se tornaba pálido.
—Willy está muerto niños —dijo su madre.
David se estremeció, y sintió como le escocían
los ojos, y comenzó a llorar.
—Lo encontré en el bosque, cerca del arroyo, creí
que había sido un animal lo que lo ataco —dijo su padre. Luego de observar las
heridas en los brazos de sus hijos dijo —Esa mordida es la de una persona, no
un animal, seguramente hay un demente suelto, así que todos van a quedarse en
este cuarto, y yo hare guardia en lo que llega la policía.
Estaban organizándose cuando escucharon el
grito de una mujer.
— ¡Auxilio!, por dios, por favor ayuda
—Quédense aquí —dijo su padre y salió de la
cabaña.
Jonathan no hizo caso, y lo siguió, afuera los
gritos se volvieron a escuchar.
— ¡Auxilio!, por dios, por favor ayuda
El grito se repetía una y otra vez, y David se
estremeció, pues distinguió algo por debajo del grito, algo que ya había
escuchado antes. La estática.
David quiso gritar, advertirles que se alejaran,
pero el miedo lo tenia paralizado, entonces escucho un sonido estridente, y
unas luces rojas y azules se vieron por el camino. Eran los policías.
Fueron dos patrullas las que llegaron, cuatro
policías; Estaban aparcando cuando el grito de la mujer pidiendo auxilio volvió
a escucharse. Dos policías bajaron de la primera patrulla y corrieron hacia el
bosque, seguidos por el padre de David y Jonathan, otro policía de la segunda
patrulla bajo y se les unió, mientras el último policía se dirigió hacia la cabaña.
Karla y David le contaron su historia al
policía, quien abrió los ojos realmente asombrado.
—Yo también lo he visto —les dijo— no sé qué
es, pero sé que le tiene miedo a las personas, si se atrevió a atacarlos es
porque vio que estaban solos.
Luego miro a su madre.
—No los dejen solos en estos sitios, hace cerca
de medio año comenzaron a desaparecer muchas personas por estas montañas; De
hecho, hace unas horas, un par de cazadores reportaron que los habían agredido
en el bosque de la misma forma que a ti, y comenzaron a disparar.
—Los escuchamos cuando estuvimos buscando a
David —dijo su madre —ha sido horrible, temía lo peor.
—Qué bueno que no te pasó nada —Dijo el policía
con una sonrisa. —Toma, dicen que esto los ahuyenta —Entrego a David un collar
de estambre de color rojo, con una bolsita de cuero.
David sujeto el regalo y se lo colgó al cuello.
—
¿Usted donde lo vio? —preguntó.
—En lo profundo de la montaña, fui de
campamento con mi hermano, en la noche, escuche la voz de mi hermano llamándome
desde los arboles, y estuve a punto de caer en la trampa, cuando mi hermano me
sujeto por el brazo, fue escalofriante, escuchaba su voz desde la sombras,
mientras mi hermano estaba allí mismo. Pero no nos atacó, quizás a ustedes,
como son niños, los vio como presas más fáciles.
David asintió, le creía al policía, además de
que no se había reído de ellos.
En un par de horas su padre y los otros
policías regresaron, estos dijeron que los gritos ser parecían una grabación,
que alguien seguramente les estaba tentando para caer en una trampa, así que
pedirían refuerzos e intentarían investigar.
Les dijeron que los escoltarían a un hotel,
pero sus padres se negaron, así que los policías terminaron yéndose, dejando a
la familia en la cabaña.
Una vez se fueron, Jonathan y su padre
salieron, no le dijeron a David, pero él se dio cuenta de que iban a enterrar a
Willy.
Fue una noche difícil para David, tenía mucho
miedo y no pudo conciliar el sueño. Se habían quedado todos en la habitación de
Jonathan, David y Karla en la cama, Jonathan y su madre en una colchoneta en el
suelo, mientras su padre montaba guardia en la sala.
No sabía que horas eran, pero por la ventana
sin cortinas pudo ver el cielo oscuro, se asomó por la ventana y vio la tierra
suelta donde ahora Willy descansaba para siempre.
Comenzó a llorar.
Si no fuera por Willy, aquel día habría muerto