En mi País es muy común que existan mercados ambulantes donde se
vendan todo tipo de cosas, nosotros le llamamos tianguis, y son un montón de
puestos armados por tubos o madera, con una manta para darse sombra, o bien son
simples mantas en el suelo.
Mi familia y yo, acudíamos a un gran tianguis, muy famoso por donde vivo,
íbamos cada sábado.
En ese tianguis se encontraban
puestos vendiendo antigüedades, por lo que era divertido ir aunque fuese solo a
verlas, era como un museo al aire libre.
Recuerdo que llegamos un día
temprano, había un señor muy viejo y delgado con una camioneta destartalada de
color blanco, intentaba vender un hermoso ropero de madera de ébano a un bazar,
pero el señor del bazar le decía que de momento ya tenía muchos roperos. Yo tenía
en ese entonces diez años, y no pude evitar sentir miedo de ver a aquel señor
en tan mal estado.
Sin embargo, a mis padres lo que
les intereso era el ropero, pues a mí me faltaba uno en mi cuarto. Así que
se acercaron al hombre, y compraron el Ropero por un costo
ridículamente bajo, incluso el hombre llevo el ropero a nuestra casa.
Pusieron el ropero en mi cuarto, y con ayuda de mi madre, acomodamos toda la
ropa.
El ropero era un gigantesco
ropero de color negro, de dos puertas sin espejos, con bordes dorados, era muy
bonito, la verdad, pero para mí no era muy importante, de hecho a penas
recuerdo que hice ese día, lo que si recuerdo fue lo que ocurrió.
El día fue como todos, tanto así,
que apenas recuerdo si hice algo relevante ese día, en fin, el ropero era lo
menos importante para mí, hasta que llego la noche.
Mi cama quedaba justo en frente
del ropero, como dije antes, no tenia espejos, así que no era tan amenazante.
Me dormí envuelto en mis cobijas, hacia frio esa noche.
Unos ruidos me despertaron, rasguños
sobre la madera, y gruñidos, como de un perro molesto.
Nosotros no
teníamos mascotas, así que se me hizo extraño, me levante y me asome
por mi ventana, que daba al patio de la casa, no vi nada. Los ruidos se
volvieron a escuchar, venían de un sitio a mis espaldas. Me gire, y pude
ver como el ropero se sacudía de un lado a otro, mientras los gruñidos
aumentaban, y algo dentro arañaba la madera.
Salí corriendo y gritando de mi
habitación, mis padres acudieron de inmediato. Con esfuerzo les explique que
había ocurrido, y entramos al cuarto, me sorprendió ver que el ropero
seguía sacudiéndose, acompañado de gruñidos y alaridos.
Mi padre fue por su machete, y
abrió la puerta del ropero, una enorme sombra salió de él, tirando a
mi padre al suelo. Mi madre y yo salimos a ver que era aquello, pero solo
alcanzamos a ver como esa sombra saltaba la barda de la casa.
Cuando regresamos al cuarto, mi
padre se había puesto de pie, y veía toda mi ropa destrozada dentro
del ropero, sin embargo el interior del ropero estaba intacto.
No vimos a esa cosa regresar, así
que creímos que de algún modo, un animal se había metido al ropero, el problema
es que no había ningún agujero.
La noche siguiente, ocurrió lo
mismo, algo dentro del ropero gruñía y arañaba las puertas, volvi a gritar, mis
padres acudieron, pero esta vez no abrieron la puerta, aquello era demasiado
extraño. Nos pusimos a rezar frente al ropero, pero en vez de calmarse,
escuchamos una voz cavernosa que nos dijo que iba a matarnos.
Huimos de la casa, nos fuimos con
una de las hermanas de mi padre, quien no nos creyó ni una palabra, pero nos
dio asilo. Al día siguiente ella y mi padre fueron a la casa, mi tía
decidió quedarse con el ropero.
La cosa que había salido de él no
regreso a molestarnos, pero mi tía que no había creído nuestro encuentro, si
bien, jamás admitió que le paso algo similar, termino quemando el ropero.
Mis primos me contaron, que
mientras el ropero ardía podían escuchar gritos y aullidos, como de un animal
desesperado.

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