lunes, 31 de agosto de 2020

Historias de Skinwalkers: Rocco

 Historias de encuentros con skinwalkers: Rocco



r  o  c c  o

Rocco era mi mejor amigo, era un perro criollo que tenía cierto parecido a un pastor alemán, o al menos eso decía yo. Lo habíamos adoptado en un refugio, no lo tuvimos desde cachorro, pero era el animal más agradecido que hubiera existido. El día que lo perdimos, fue el peor día de mi vida, yo adoraba a ese perro como a un miembro de mi familia.

Un día en que fuimos de visita a casa de mis tíos que viven en el campo, los entonces únicos adultos, que eran mis padre y mis tíos salieron de la casa para comprar comida y cerveza, mientras yo y mi primo nos quedábamos solos, lo cual no nos molestaba, yo llevaba mi consola de videojuegos y preferíamos quedarnos a jugar que ir de compras.

En algún momento, mientras jugábamos, recuerdo que Rocco comenzó a ladrar y a arañar la puerta, por lo que fuimos hasta donde estaba el perro y lo dejamos salir. Rocco estaba entrenado, así que siempre respondía a nuestro llamado, pero en aquella ocasión, fue diferente.

Vimos a Rocco correr hacia la espesura, perdiéndose entre los árboles, lo dejamos un par de minutos, pero cuando ya no lo vimos, comenzamos a llamarlo.

Le pedí a mi primo que me acompañara a buscarlo, y accedió, aunque primero nos regresamos a la casa para apagar la consola de videojuegos y la televisión, así como para cambiarnos la ropa, pues mi primo me dijo que para adentrarnos en el campo, lo mejor era llevar pantalón de mezclilla y botas o tenis que no fueran delgados.

Una vez preparados fuimos al campo, que yo más veía como un bosque, pues había muchos árboles de troncos delgados, pero altos y frondosos, no muy juntos entre sí, pero son tantos que es inevitable pensar en un bosque como los que aparecen en las películas sobre sobrevivencia, o quizás hasta en el amazonas.

Buscamos a Rocco por un largo rato, sin éxito, y al ver que el cielo comenzaba a oscurecerse regresamos a casa. Allí, mi primo recibió una llamada de sus padres, que nos regañaron por no haber atendido al llamado la primera vez, pues mientras buscábamos a Rocco nos habían llamado al teléfono de la casa. El coche se había descompuesto y tardarían en regresar, nos dieron la indicación de que nos preparáramos hot dogs y que cenáramos.

Mientras mi primo ponía a cocer las salchichas y yo picaba el jitomate y la cebolla, escuchamos los ladridos de Rocco afuera de la puerta.

Abrí la puerta pero no vi a mi perro, sus ladridos venían de aquella zona llena de árboles.

Yo comencé a llamarle, y los ladridos seguían escuchándose, así que le avise a mi primo. Él ya estaba preparado con una linterna y una pala, y juntos salimos a buscar a Rocco.

Lo llame muchas veces, pero Rocco no se acercaba, solo ladraba, y cuando estuvimos cerca de los árboles comenzó a llorar. Preocupados, aceleramos el paso.

Entonces vimos a Rocco sentado frente a un árbol, estaba muy rígido, y chillaba, cosa extraña, porque ningún perro que llore de dolor, como lo estaba haciendo el, se mantiene tan quieto y erguido.

Lo llame de nuevo, mientras mi primo lo alumbraba con la linterna.

Los ojos de Rocco, o más bien de lo que creí que era Rocco, eran enormes, no parecían los ojos de un perro, no sabría describirlo muy bien, pues estaba lejos, pero puedo decir que esos ojos no eran naturales, eran grandes y brillantes, como si fueran un par de focos.

Entonces aquello que fingía ser Rocco se puso de pie sobre sus cuatro patas, y comenzó a gruñirnos.

Yo aún creía que era mi perro y di una palmada acompañado de un silbido, así era como hacía que Rocco corriera hacia mí, pero aquel perro no hizo caso, nos gruño y comenzó a caminar de un lado a otro.

Volví a llamarlo, y comencé a acercarme.

El perro dio un salto hacia mí y lanzo una dentellada, caí al suelo con el perro encima mío, apartando su boca de mi cara, su pelo se sentía extraño, muy caliente y húmedo, pero lo peor era su aliento, un aliento cálido y putrefacto, como cuando la carne se echa a perder, pero más intenso. En ese momento no sabía que era el olor de un cadáver.

Mi primo le dio un golpe con la pala y el perro se alejó de mí, rápidamente agarre la linterna que mi primo había dejado caer al suelo y apunte hacia lo que todavía creía que era Rocco.

Aquella cosa ya no se parecía a un perro, parecía una persona extremadamente delgada usando una piel de perro sobre su cuerpo, nos gruño mostrando unos relucientes colmillos.

Grite horrorizado, creo que hasta orine los pantalones. Seguramente habría muerto de no ser porque mi primo se armó de valor y comenzó a arrojarle piedras, tierra, y todo cuanto podía mientras le gritaba:

“lárgate”

Yo reaccione cuando vi que esa cosa se paraba sobre sus piernas traseras, alcanzando una altura de casi dos metros, creo, yo estaba en el suelo, y no era muy alto, así que aquello me pareció un gigante, aunque también mis recuerdos alteran su estatura, mi primo me ha contado que si era grande, pero no tan grande, quizás lo mismo que una persona adulta de un metro ochenta, o poco más, pero en aquel momento, para mí era gigantesco.

Agarre algunas piedras del suelo y comencé a lanzárselas, algunas impactaban en su estómago, otras en sus extremidades; Mientras lanzábamos cosas, yo lloraba, tenía mucho miedo.

Aquel ser dio un paso hacia nosotros enseñándonos los dientes, mi primo alzo la pala y con voz desafiante le grito:

“te daré mas si quieres”

Y aquella extraña criatura se fue corriendo a una gran velocidad, perdiéndose entre las sombras.

Mi primo me ayudo a levantarme, y corrimos de regreso a la casa, pusimos todos los seguros y nos armamos con la herramienta de mi tío, otra pala, un pico, una palanca y un machete, por suerte no tuvimos que usarlos, pues aquello no se acercó nunca más a nosotros.

Mis padres y mis tíos llegaron muy entrada la noche, les contamos lo sucedido, y como obviamente no nos creyeron, recibimos un regaño por no haber cenado, y por haber salido de noche al bosque. Al otro día salimos a buscar a Rocco, lo encontramos muerto entre los árboles, le habían sacado todos los intestinos.

No sé qué fue esa cosa, pero aún recuerdo su cuerpo esquelético, y el desagradable tacto de su piel en mis manos, y cielos, su aliento, su maldito aliento a podredumbre aun puebla mis recuerdos y aviva mi ira.

Sé que el mato a Rocco, y por las historias que hemos escuchado de gente del lugar, sé que sigue allí, en alguna parte, así que ahora que ya soy mayor, regreso cada que puedo, esta vez con un rifle a mano para dar caza a aquella repugnante criatura.

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