lunes, 21 de junio de 2021
La llamada
Cuando era un niño, un dia que enferme me quede solo en casa, pues mis dos padres salían a trabajar, como era la primera vez que me quedaba solo en casa anotaron sus números en una hoja por si necesitaba llamarlos por cualquier imprevisto o problema, y acordaron llamarme cada hora para saber cómo me encontraba.
Dieron las dos o tres de la tarde, estaba en el baño lavándome los dientes, mientras en la televisión pasaban los comerciales, y el teléfono comenzó a sonar.
Me apresure a enjuagarme la boca y corrí a contestar el teléfono, pero antes de llegar escuche como tocaban el timbre de la puerta, incluso pude ver la sombra de alguien al otro lado.
El teléfono dejo de sonar, asi que me asome por la mirilla de la puerta, no había nadie, pero cuando me aleje pude ver la sombra de la persona por debajo, mire de nuevo, allí afuera seguía sin haber nade.
El teléfono volvió a sonar, corrí a contestar.
Una voz extraña, como si estuviera distorsionada por algún programa me dijo:
“soy el lobo, déjame entrar”
Y tocaron la puerta.
Colgué, mientras veía la puerta moverse, como si intentaran derribarla, corrí a mi cuarto para tomar la hoja con los números de mis padres, cuando el teléfono volvió a sonar, esta vez no lo conteste.
Cuando dejo de sonar volvieron a golpear la puerta. Tenía mucho miedo como para asomarme por la mirilla o por la ventana.
Tome el teléfono, pero antes de poder marcar volvió a sonar, colgué, volvieron a tocar la puerta con fuerza, pero esta vez, se abrió de par en par. Recuerdo que grite, e intente correr a mi cuarto, pero me detuve al ver que no había nadie en la puerta.
Por el miedo que sentía no me atreví a cerrar la puerta, y tampoco a llamar.
Entonces escuche la misma voz hablándome desde la bocina del teléfono.
“soy el lobo, y voy a entrar”
Aquello me hizo arrojar el teléfono al suelo, corrí y cerré la puerta con todo mi peso, y me quede allí, llorando.
Entonces sentí como tocaban la puerta con fuerza.
“abre” dijo la voz de mi papa “¿estás bien que paso?
Toco una y otra vez, hasta que se desesperó y empujo con fuerza, aventándome.
Mi padre cruzo el umbral y me recogió del suelo, estaba muy enojado, me dijo que porque no le contestaba las llamadas, que tenía dos horas llamando. Yo le dije que no era cierto, y le conté de cómo me habían asustado.
Pero cuando fue a revisar la contestadora automática, en efecto estaban allí sus múltiples mensajes y el registro de las llamadas que el y mi madre me habían hecho.
Hasta la fecha no se quién o que me jugo esa horrible broma, pero desde entonces siento como si algo estuviera vigilándome, sobre todo al caer la noche.
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