Un treinta y uno de octubre salí a pedir dulces junto a mi hermana pequeña, y dos de mis primos. Estuvimos jugando y contándonos historias de miedo, además de preparando nuestros disfraces de zombis, con técnicas aprendidas en You Tube, para que se vieran más realistas.
La
sangre, por ejemplo, si la haces con miel y colorante, queda estupenda, y no es
toxica, las heridas, con un poco de papel de baño y resistol blanco.
Nuestros disfraces quedaron fenomenales, y salimos a pedir dulces, asustando a muchas personas. En una calle, entonces, nos encontramos con una niña pequeña, que no se asusto de nosotros, pese a tener unos cinco o seis años.
Ella nos pidió de favor que la dejáramos pedir dulces con nosotros, y aceptamos, si bien su disfraz de princesa desentonaba con los nuestros, no vimos ningún inconveniente en ese momento.
En cierto momento, ella nos comentó que vivía en cierta calle, una calle privada, donde vivía mi primo, quien conocía a todos sus vecinos.
Le preguntó su nombre, pero la niña no respondió nada.
Íbamos a insistir cuando unos chicos mas grandes que nosotros salieron de entre unos arbustos, asustándonos.
Fue menos de un segundo lo que duró el susto, pero perdimos de vista a la niña, miramos alrededor, buscándola, creyendo que había salido corriendo, pero no la encontramos.
Extrañados los chicos que nos asustaron nos preguntaron que nos pasaba, y se disculparon por la broma, ofreciéndonos dulces.
Entonces yo les explique que pasaba, que buscábamos a una pequeña niña disfrazada de princesa.
Los chicos se quitaron las mascaras, y se miraron entre si, luego nos miraron a nosotros.
“¿Cuál
niña?, cuando los vimos cruzando la calle, solo venían ustedes cuatro”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario