El Halloween es una de las épocas mas esperadas del año, esa época donde los amantes del terror y lo sobrenatural disfrutan, por ver películas de terror, la ambientación, y si eres un niño, seguramente, lo ansias por los dulces.
Lamentablemente,
no todo es diversión, algunas veces ocurren cosas extrañas, escalofriantes.
Cuando era niña a mi me gustaba salir a pedir dulces, vivía en una zona residencial cerrada, axial que era normal que me dejaran salir a pedir dulces sola, ya que además, solo pedía dulces en las casas de la cerrada, y creo que no había muchos niños además de mi, y los que había iban a pedir dulces a otras zonas, con sus familias, de hecho solo recuerdo haber salido en grupo con los vecinos un par de veces.
Aquella noche salí con mi perrita, una mestiza de labrador.
Esa noche no había recibido suficientes dulces, axial que decidí aventurarme fuera de la cerrada, donde vi. Un grupo de niños al cual seguí.
Sobre la avenida, habían muchas casas, conseguí muchos dulces mezclándome con el grupo, pero entonces, al final de una calle, vi. una casa que llamo mi atención, era una casa con muchas veladoras encendidas, su color era oscuro, creí por un momento que era una casa del terror que algún vecino había hecho, pero nadie se acercaba.
Curiosa como era, decidí ir a ver.
En
cuanto estuve cerca pude ver que al interior de la casa había dos mujeres
vestidas de blanco, que me miraron y sonrieron saludándome, llamándome por mí
nombre, dijeron: “que alegría de verte, a ti y a Sisi” ese era el nombre de mi
perrita.
Aquello me extraño, les dije que yo no las conocía, que jamás había ido allí a pedir dulces. Una de las mujeres abrió la ventana, y me mostró un gran tazón lleno de dulces, me dijo: “que graciosa eres, tu vienes cada año, mira, compramos tus favoritos. El año pasado te disfrazaste de vampiro”
Eso era cierto, y aquellos dulces si eran mis favoritos, recelosa me acerque, y extendí la bolsa donde recolectaba dulces, la mujer vertió varios en ella, y se despidió de mi con una sonrisa. “nos vemos el próximo año”
Me aleje de aquella casa, siguiendo a otro grupo de niños pidiendo dulces, cuesta abajo. El día término sin más sobresaltos, llegue a casa, me bañe y me fui a dormir.
Al día siguiente, acompañé a mi padre a comprar unas cosas a la ferretería, y pasamos por la misma calle donde había visto la casa de las veladoras, sorprendida y asustada, vi que en aquel sitió no había una casa, bueno, no completa, era una casa destartalada, y vieja, prácticamente en ruinas, llena de grafitis.
No le dije a mis padres nada, pero los dulces que esas dos extrañas me obsequiaron seguían en mi bolsa, como la prueba de que aquello si había ocurrido.
Al
año siguiente volví a ir, esta vez acompañada de mis primos, no hubo veladoras,
ni mujeres de blanco, solo una casa en ruinas, en completa oscuridad.
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