viernes, 21 de agosto de 2020

Historias de Skinwalkers - Luces en la oscuridad

 Relatos de Skinwalkers 1: Luces en la oscuridad

Luego de tres largos años habíamos terminado la preparatoria, y para festejarlo, mis amigos y yo planeamos una acampada.

Éramos alrededor de 10 personas, y todo estaba saliendo de maravilla. Aquella noche estábamos platicando alrededor del fuego, unos comiendo salchichas, otros malvaviscos y la mayoría bebiendo cerveza.

Yo era el único sobrio en ese momento, dado que no bebo alcohol, recuerdo claramente lo que ocurrió.

Era más de media noche, la mayoría estaban ebrios, y comenzaron a quemar más leña de la necesaria. Preocupado, porque la leña debía durar toda la noche para ahuyentar a los animales, decidí ir por más.

Estaba muy oscuro, así que ocupe la linterna de mi celular para alumbrarme.

Mientras caminaba escuché un crujido, como el sonido de alguien que camina sobre la hierba seca, me voltee para ver quién de mis amigos me había seguido, pero no pude ver a nadie, de repente el ruido se escuchó a mis espaldas, gire, de nuevo no había nada.

Creí que alguien me estaba jugando una broma, así que les dije que no era gracioso, que necesitábamos leña, y continúe mi camino.

Sentí un golpe en la espalda, me empujaron y caí sobre un charco de lodo, mi celular se escapó de mis manos, cayendo con la linterna hacia el suelo, dejándome en una oscuridad casi absoluta, para colmo, mis lentes también habían caído y veía todo borroso.

Me incorpore sobre mis rodillas, buscando mis lentes o mi celular entre el lodo, pero antes de poder encontrarlos escuché un extraño chasquido en frente de mí.

Levanté la mirada y pude ver un par de enormes luces amarillas a la altura de mi cabeza. Se que eran enormes, porque de lo contrario, no las hubiera distinguido.

Mi mente racional me dijo que aquello seguramente era un animal, un mapache, un coyote... O bien mis amigos borrachos me estaban jugando una broma muy pesada

Me enfade y le grite a lo que creí que eran mis amigos que dejarán de jugar y que me ayudarán.

Las luces retrocedieron y se elevaron hasta superar los dos metros de altura, fue ahí cuando comencé a sentir miedo.

Distinguí una silueta increíblemente delgada y alta, tan alta como un árbol. Las luces amarillas, se alzaron sobre mí, como un par de ojos observándome.

Grite, me arrastre por el suelo y retrocedí, aquello no se me acercó, así que me levanté y corrí hacia el campamento.

Un par de mis amigos venían corriendo hacia mí, en cuanto me alcanzaron, les conté lo que había visto, y decidieron ir a investigar.

Regresaron en poco tiempo, traían mis lentes embarrados en lodo y mi celular, con la pantalla estrellada, pero funcionando pese a estar cubierto de lodo.

Ninguno acepto haberme jugado una broma, incluso algunos se rieron de mí, diciendo que me había emborrachado con solo el olor.

Agotado, me fui a dormir antes que los demás.

Tuve un sueño horrible, pero no pude despertarme, soñé que algo me perseguía en el bosque, mientras hacía ruidos extraños, como una lechuza que pelea con un coyote.

Incluso, puedo decir, que en mis sueños escuchaba risas, como las hienas, y el ruido de la lona de la tienda de campaña al agitarse.

Al levantarnos, uno de mis amigos pregunto por su compañero de tienda, pues no lo había visto cuando despertó, así que pensó que estaría con alguno de los que nos habíamos levantado temprano.

Comenzamos a buscarlo por todos lados, sin éxito, su auto aun estaba aparcado donde lo había dejado al llegar, llamamos a su celular, y lo encontramos en el suelo, al lado de la fogata apagada.

Pero no fue lo único que encontramos, había unas extrañas huellas que no parecían tener una forma humana o animal, era como una mezcla, como las patas de un perro, pero muy alargadas, por un momento imagine que así se verían las huellas de un hombre lobo.

También fue cuando supe, que algo había ido al campamento esa noche, y que posiblemente, se había llevado a mi amigo.

Llamamos a la policía,  fuimos interrogados, y detenidos mientras un grupo de rescatistas buscaban al muchacho desaparecido.

Nunca lo encontraron.

Desde ese día le temo al monte, y a la oscuridad, y con cierta culpa, agradezco que no me haya llevado a mí.


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