Relatos de Skinwalkers 1: Luces en la oscuridad
Luego de tres largos años habíamos terminado
la preparatoria, y para festejarlo, mis amigos y yo planeamos una acampada.
Éramos alrededor de 10 personas, y
todo estaba saliendo de maravilla. Aquella noche estábamos platicando alrededor
del fuego, unos comiendo salchichas, otros malvaviscos y la mayoría bebiendo
cerveza.
Yo era el único sobrio en ese momento,
dado que no bebo alcohol, recuerdo claramente lo que ocurrió.
Era más de media noche, la mayoría
estaban ebrios, y comenzaron a quemar más leña de la necesaria. Preocupado,
porque la leña debía durar toda la noche para ahuyentar a los animales, decidí
ir por más.
Estaba muy oscuro, así que ocupe la
linterna de mi celular para alumbrarme.
Mientras caminaba escuché un crujido,
como el sonido de alguien que camina sobre la hierba seca, me voltee para ver
quién de mis amigos me había seguido, pero no pude ver a nadie, de repente el
ruido se escuchó a mis espaldas, gire, de nuevo no había nada.
Creí que alguien me estaba jugando una
broma, así que les dije que no era gracioso, que necesitábamos leña, y continúe
mi camino.
Sentí un golpe en la espalda, me
empujaron y caí sobre un charco de lodo, mi celular se escapó de mis manos,
cayendo con la linterna hacia el suelo, dejándome en una oscuridad casi
absoluta, para colmo, mis lentes también habían caído y veía todo borroso.
Me incorpore sobre mis rodillas,
buscando mis lentes o mi celular entre el lodo, pero antes de poder
encontrarlos escuché un extraño chasquido en frente de mí.
Levanté la mirada y pude ver un par de
enormes luces amarillas a la altura de mi cabeza. Se que eran enormes, porque
de lo contrario, no las hubiera distinguido.
Mi mente racional me dijo que aquello
seguramente era un animal, un mapache, un coyote... O bien mis amigos borrachos
me estaban jugando una broma muy pesada
Me enfade y le grite a lo que creí que
eran mis amigos que dejarán de jugar y que me ayudarán.
Las luces retrocedieron y se elevaron
hasta superar los dos metros de altura, fue ahí cuando comencé a sentir miedo.
Distinguí una silueta increíblemente
delgada y alta, tan alta como un árbol. Las luces amarillas, se alzaron sobre
mí, como un par de ojos observándome.
Grite, me arrastre por el suelo y
retrocedí, aquello no se me acercó, así que me levanté y corrí hacia el
campamento.
Un par de mis amigos venían corriendo
hacia mí, en cuanto me alcanzaron, les conté lo que había visto, y decidieron
ir a investigar.
Regresaron en poco tiempo, traían mis
lentes embarrados en lodo y mi celular, con la pantalla estrellada, pero
funcionando pese a estar cubierto de lodo.
Ninguno acepto haberme jugado una
broma, incluso algunos se rieron de mí, diciendo que me había emborrachado con
solo el olor.
Agotado, me fui a dormir antes que los
demás.
Tuve un sueño horrible, pero no pude
despertarme, soñé que algo me perseguía en el bosque, mientras hacía ruidos
extraños, como una lechuza que pelea con un coyote.
Incluso, puedo decir, que en mis
sueños escuchaba risas, como las hienas, y el ruido de la lona de la tienda de
campaña al agitarse.
Al levantarnos, uno de mis amigos
pregunto por su compañero de tienda, pues no lo había visto cuando despertó,
así que pensó que estaría con alguno de los que nos habíamos levantado
temprano.
Comenzamos a buscarlo por todos lados,
sin éxito, su auto aun estaba aparcado donde lo había dejado al llegar,
llamamos a su celular, y lo encontramos en el suelo, al lado de la fogata
apagada.
También fue cuando supe, que algo
había ido al campamento esa noche, y que posiblemente, se había llevado a mi
amigo.
Llamamos a la policía, fuimos
interrogados, y detenidos mientras un grupo de rescatistas buscaban al muchacho
desaparecido.
Nunca lo encontraron.
Desde ese día le temo al monte, y a la
oscuridad, y con cierta culpa, agradezco que no me haya llevado a mí.

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