Son las doce de la noche, lo
se porque veo los enormes números blancos en el reloj digital que mis padres
pusieron sobre la comoda al lado de mi cama, algo me despertó, algo que hacia
un ruido debajo de mi cama, como si tocaran una puerta, pero debajo de mi
cabeza.
toc toc toc
Me cubro completamente con
mi cobija, implorando que aquello no me lleve consigo.
Siento que algo toca todas
las orillas de la cama, puedo sentir como el colchón se sume, como cuando mamá
se recuesta a mi lado para contarme un cuento, y algo comienza a jalar mi
cobija.
Grito desesperado llamando a
mis papás.
La luz se enciende y mi cobija
deja de moverse, estoy llorando.
Mi papá se me acerca, se
sienta al lado de mi, y me acaricia el cabello.
— ¿Que pasa? —me
pregunta Papá.
— Hay un monstruo debajo de
mi cama —le digo.
Papá sonríe.
— No hay nada debajo de la
cama, los monstruos no existen, pero para que estes tranquilo, revisare.
Papá se levanta de cama y se
arrodilla junto a mi cama...
Son las doce y cinco
minutos, lo se por los números en el reloj, papa no se ha levantado del suelo.

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