jueves, 20 de agosto de 2020

Desde las entrañas de la tierra


 
Llegó muy noche a su apartamento, estaba exhausto, y solo quería darse un baño caliente y dormir. Se dirigió al patio donde estaba el boiler, y lo encendió, en diez minutos el agua estaría lista, y podría darse un relajante baño.

Entro de nuevo a su apartamento, y escucho un golpeteo, una y otra vez, debajo de él. Miró el reloj en su pared, era ya media noche, y una súbita ira lo invadió, no podía creer que su vecino se pusiera a hacer reparaciones a esa hora.

Con desgana, y molesto salió de su departamento, dispuesto a hablar con su vecino.

Al salir se encontró con que todos los vecinos de su piso habían salido, extrañado, pregunto el motivo, y resulto que todos escuchaban el mismo martilleo. No era posible que aquello lo hiciera una sola persona.

Un grupo de vecinos bajo al siguiente piso, donde la historia se repetía, pero el sonido era un poco más fuerte, bajaron y bajaron, hasta llegar al primer piso, donde el ruido era aún más intenso.

Llamaron a las oficinas municipales, no había labores de mantenimiento, y como ya era muy noche, acordaron que enviarían a un equipo al día siguiente para solucionar el problema.

Regresó a su departamento, estaba furioso, pero no podía hacer nada. Apago el boiler y se metió a bañar, el agua caliente lo hizo calmarse un poco.

Busco entre sus cosas un par de tapones para los oídos para poder conciliar el sueño, mientras una parte de su mente sopesaba la idea de reportarse enfermo al día siguiente.

El ruido seguía, así que tuvo que tomar unas potentes pastillas para dormir.

No escucho los gritos, pero si el estruendo de algo que estallaba.

Se despertó de golpe, el cielo aún estaba oscuro, y pudo escuchar como el suelo crujía.

Pensó en un temblor, y se apresuró a salir de su departamento, encontrándose a la salida con un par de vecinos que como el miraban atónitos el enorme agujero en medio del pasillo, no había forma de bajar.

Escucharon el crujir del concreto al quebrarse, y de nuevo el martilleo.

Él intento llamar a los bomberos, pero la línea estaba muerta.

El edificio entero colapso, todos cayeron.

Lo despertaron los rayos del sol, estaba adolorido, pero vivo, con muchísima suerte, había salido casi ileso, a diferencia de la mayoría de sus vecinos.

Intento no ver los cadáveres a su alrededor, y se apresuró a socorrer a aquellos que habían quedado atrapados en los escombros.

Una niña miraba hacia el horizonte.

—La iglesia ya no esta

Él la miro, y luego vio hacia donde ella observaba, era cierto, la iglesia que había estado en la esquina de la calle no estaba, tampoco los demás edificios y casas, al menos no en su totalidad, todo estaba derruido.

Y lo más extraño es que no escuchaba las sirenas de los bomberos o los policías.

Entonces camino por entre las ruinas del edificio, y encontró un gigantesco agujero que se perdía entre la más absoluta oscuridad.

Se asomó al abismo, y allí, vio como algo reptaba, acompañado de aquel ruido infernal que parecía un martilleo.

Un enorme ser bulboso y blanco emergió de la oscuridad, con una boca enorme y repleta de dientes. Era el causante de aquel desastre, y como él, cientos de horrorosas criaturas emergieron de las entrañas de la tierra para devorarlo todo.

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